En un mundo cada vez más globalizados gracias a las nuevas tecnologías y en especial a internet, la gran red global, parece mentira que aparezcan noticias como estas. Y es que recientemente el Canal Eyes of Cinema ha encontrado "Cupid´s shaft", una obra que se creía perdida ni más ni menos que de Woody Allen. Todo un homenaje a los pioneros del cine y a los primeros cómicos de séptimo arte que le genial comediante rodó a finales de los años sesenta para la CBS dentro de "The Woody Allen TV Special". El corto, mudo y con intertítulos, lleva ya un tiempo por internet, aquí dejo esta rareza pra todo el que la quiera disfrutar.
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martes, 25 de noviembre de 2014
miércoles, 19 de junio de 2013
D. W. Griffith
David Wark Griffith no solo pasa por ser uno de los pioneros
del mundo del cine, sino que echando la vista atrás se erige como un figura
determinante en el devenir del séptimo arte.
D. W. Griffith ofreció su talento al cine prácticamente con
la aparición del mismo y su aportación se antoja clave para la evolución del
mismo. Griffith no comparte la postura de los hermanos Lumiere, más cercana al
cine documental, o del Méliès, que lo enfoca al mundo de la varieté y lo
circense. Griffith intuye antes que nadie el potencial de la imagen en
movimiento y al igual que llevaban haciendo los libros durante cientos de años
se centra en el nuevo arte como narrador de historias. Nace así el concepto de
cine moderno.
Griffith es una de la cabezas visibles del nuevo Hollywood,
descubre a las primeras grandes estrellas del celuloide como Las hermanas Gish
o Mary Pickford, que convertiría en la novia de América y cuyo matrimonio con
el actor Douglas Fairbanks haría correr ríos de tinta. Y precisamente junto al
matrimonio Pickford-Fairbanks y junto a Chaplin, D.W Griffith funda la compañía
United Artist, compañía con un aire de independencia al margen del las grandes
mayors, creada para defender los derechos de todos aquellos que se ganaban la
vida en un Hollywood cada vez más plagado de estrellas y trabajadores. Compañía
que por otro lado se mantuvo en pie más de medio siglo hasta se adquirida en
los ochenta por la MGM.
El cine de D. W Griffith nace por lo tanto casi con el nuevo
siglo. Sus primeros trabajos datan de 1908 con una serie de cortos con los que
va experimentando su cine y evolucionando a la vez que un arte con apenas diez
años de vida. Sin embargo no es hasta 1914, con ya muchos cortometrajes a sus
espaldas cuando se decide a dar paso al largometraje. Lo hace por medio de una
adaptación de índole bíblico con “Judith de Betulia”.
Un año más tarde llega una de las obras clave no solo en su
filmografía, sino para el devenir de la historia del cine en general. El 1915
se estrena “Nacimiento de una nación” en medio de la polémica suscitada por
muchos en torno al racismo latente en la cinta y al ensalzamiento de un grupo
tan reprobable como el Ku Klux Klan. Polémica a parte las más de tres horas de
cinta, algo insólito en aquellos días, da chance a Griffith para mostrar todo
su talento y demostrar que el cine es ya un arte asentado, narrando los
acontecimientos más relevantes de la historia de los Estados Unidos en una
cinta que aúna acción, aventuras, drama, romance…Todo un homenaje y uno de los
primeros pistoletazos de salida en cuanto conocemos hoy al séptimo arte.
Tan solo un año tarda Griffith en aportar la que sería su
otra gran obra maestra. Una impresionante y mastodóntica cinta que responde al
nombre de “Intolerancia”, en la que puede que como as resto de cintas del época
las interpretaciones se vean hoy en día excesivamente sobreactuadas o que
muchos aspectos de la trama perdiesen frescura con el paso de los años, pero lo
que es incuestionable es la labor de Griffith, tanto en la dirección de los
actores (con hasta tres mil extras en algunas tomas), como sobre todo, a la
hora del montaje, donde el film se erige como una verdadera obra maestra con cuatro historias que se entrelazan para mostrarnos la intolerancia del ser
humano. La más impresionante sin duda es la de la antigua Babilonia, con
impresionantes decorados, que en nada envidian a los suntuosos de la posterior
época dorada de Hollywood .
Sus posteriores trabajos son romances y dramas con las
citadas hermanas Gish o Mary Pickford como protagonistas. Títulos importantes
como “Lirios rotos” (1919), melodrama con reminiscencias de “Romeo y Julieta”,
el melodrama “Las dos tormentas” (1920) o la meticulosa reproducción de la
aristocracia francesa previa a la revolución en “Las dos huérfanas” (1921).
Griffith cierra su vital participación en el mundo del cine con sus dos aportaciones al cine sonoro. Un biopic sobre una figura tan importante como “Abraham Lincoln” (1930) u otro melodrama, esta vez centrado en el mundo el alcoholismo de título “La lucha” (1931), que tiene el honor de aparecer como la última aportación al mundo del cine de uno de los mayores pioneros de este arte, considerado incluso por muchos como padre del cine, pues con la desaparición del cine silente la figura de Griffith se va a apagando hasta su fallecimiento, cercanos ya los años cincuenta y reivindicado por muchos directores como grandes admiradores de su legado y obra que se mostraban críticos con el trato del mundo de la industria del cine con el gran pionero en Norteamérica del séptimo arte.
miércoles, 9 de enero de 2013
Stan Laurel y Oliver Hardy (El gordo y el flaco)
Otros de los grandes iconos de cine mudo serán siempre
recordados en un indisociable pareja y es que aunque la carrera de Stan Laurel
y Oliver Hardy ya venía de lejos en el temprano cine mudo no fue hasta que se
consolidaron como la pareja Laurel y Hardy (o el gordo y el flaco como serían
reconocidos en los países hispanohablantes) para pasar a a la historia como uno
de los hitos del cine cómico de todos los tiempos.
Esta improbable pareja de un escuálido actor británico y de
un orondo estadounidense estaba destinada a convertirse no solo en un referente
del género slapstick sino en todo un icono y un referente en el legado del cine
cómico, algo que Hollywood supo reconocer cuando ya con Oliver Hardy fallecido
le fue concedido un Oscar a Stan Laurel por su especial contribución a la
evolución del cine cómico. Hoy en día sus nombres están al lado de los Harold Lloyd, Charles Chaplin, Buster Keaton o ya con el recién estrenado sonido los
hermanos Marx.
Tras una serie de cortos de escasa relevancia a sus espaldas
y con algo de suerte, como siempre en esta vida, Laurel y Hardy unen su destino
en “The lucky dog” (1921), su primer corto conjunto, aunque sin formar todavía
ese dúo cómico que tanto éxito le acarrearía en el futuro. Éxito que se
comenzaría a fraguar con “Un par de marinos” (1927) o “Un día de campo” (1929),
primeras cartas de presentación de este dúo al universo fílmico mundial.
Corrían tiempos difíciles para la comedia, uno de los géneros más afectados con la entrada del cine sonoro. El género slapstick, claramente visual, parecía quedar obsoleto ante un público ávido de las importantes novedades que conllevaba el cine sonoro, algo que fue una gran losa para una importante cantidad de actores y actrices silentes que fueron incapaces de dar el salto de un cine a otro. Éste no fue el caso de Laurel y Hardy, dos perfectos caballeros cargados de optimismo que contraponían el correcto acento británico de uno con el más coloquial sureño del otro haciendo las delicias de un nuevo público para una nueva forma de hacer comedia.
Así los pequeños rollos de veinte minutos pasan a
mediometrajes lo que hacía más que evidente el creciente éxito de la pareja.
Era cuestión de tiempo para el lógico salto al largometraje. Corría el año 1931
y se estrenaba “De bote en bote”, toda una sátira sobre la ley seca que tuvo
una gran repercusión en la época y que les permitió acrecentar su fama pudiendo
asentarse en el sistema de estudios, intercalando el rodaje de cortos y
mediometrajes con el estreno de nuevos largometrajes.
Su siguiente gran éxito será a la postre su obra más recordada. En 1933 se estrena “Compañeros de juerga” una fabulosa comedia de engaños que eleva al estrellato y a la fama a la ya mundialmente conocida pareja de cómicos para ganarse un hueco de una vez por todas en ese lugar selecto en donde solo figuran los más grandes de la comedia.
Pese a la gran fama alcanzada, el trabajo y esfuerzo de la pareja es intachable. Su ritmo de trabajo es frenético y se suceden cortos y más cortos de éxito “Dos veces dos” (1933), "Dos entrometidos” (1933), “Por su mala cabeza” (1934)…con largometrajes de un calidad más que aceptable como “Fra diavolo” (1933) o “Había un vez dos héroes” (1934), un puñado de oportunidades para mostrar al mundo su talento para la comedia y su total compenetración como pareja cómica.
Otro de sus grandes títulos llega con “Dos fusileros sin bala” (1935) una hilarante comedia sobre una supuesta herencia que sacaría al dúo de un vez por todas de pobres y a los que una serie de enredos los lleva a combatir defendiendo los intereses del imperio británico en India.
Un año más tarde llegan un par de títulos importantes “Dos pares de mellizos”, en donde apreciamos al dúo incluso por partida doble y “Un par de gitanos” en la cual aplican todo su ingenio y “destreza” (más bien torpeza) para rescatar a su hija adoptiva de los oscuros calabozos del castillo en donde se halla encerrada.
Tras seguir de nuevo su quimera del oro, esta vez intentando vender ratoneras en Suiza, la cuna del queso por excelencia en “Quesos y besos” (1938), Laurel y Hardy finalizan los años treinta en el cenit de su fama con importantes títulos que los llevaran desde luchar en la primera guerra mundial en “Cabezas de chorlito” (1938) hasta el mismísimo oeste en “Laurel y Hardy en el oeste” (1937).
En los cuarenta pese a seguir con la misma fuerza que en su década dorada comienza su lenta pero paulatina decadencia. Así esta nueva década sigue englobando éxitos como “Estudiantes en Oxford” (1940), “Marinos a la fuerza” (1940) o “¡Qué par de locos!” (1942). La irrupción de la segunda guerra mundial y la continua evolución del cine fueron relegando paulatinamente a este par de cómicos hacia el olvido y sus trabajos eran cada vez menos frecuentes y de menor calado.
Tras le guerra apenas lo pudimos ver en un puñado de título y para eso de una calidad muy inferior a la que nos venían acostumbrando con “Utopía”, un producción francesa de 1951 finalizaba la extensa y exitosa colaboración del dúo para la gran pantalla. Finalmente enfocaron sus miras en las giras y en la recién estrenada televisión, pero sus fama ya había pasado y pese al esfuerzo de amigos comunes como John Wayne o Hal Roach Jr. el caso es que Laurel y Hardy jamás volvieron a aparecer juntos en la gran pantalla. Oliver Hardy fallecía recluido en su casa con depresión tras haber perdido casi sesenta kilos de su famosa y oronda figura debido a una serie de derrames cerebrales mientras que Stan Laurel le sobrevivió nueve años en los que tuvo tiempo de recibir un homenaje de Hollywood en forma de Oscar por su carrera y méritos al que ni siquiera acudió a recibir muriendo en su casa de un infarto ya entrados los años sesenta.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Harold Lloyd
Siguiendo el repaso por las grandes figuras del cine cómico
en su etapa muda nos paramos a repasar la carrera de Harold Lloyd, una de las
caras más representativas de este estilo de cine basado en gags visuales
dotados de cierta dosis atlética y porque no decirlo con un violencia
ciertamente recurrente en lo que se vino a conocer como el slapstick.
Al igual que otros de los más grandes representantes de este
tipo de cine Lloyd pronto desenvolvió una serie de rasgos de identidad
definitorios. Si de Buster Keaton todos recordamos su rostro impenetrable
carente de sonrisa y de Chaplin sus anchos y raídos pantalones contrapuestos a
su ceñida chaqueta que siempre acompañaba de su bastón y su bombín de Harold
Lloyd recordamos esas grandes gafas de pasta y su sombrero de paja acompañados
de esa eterna sonrisa.
Sin embargo su entrada en el mundo del cine no fue tan
vocacional como otros de sus compañeros de profesión, de hecho Harold Lloyd no
era más que un simple acomodador cuando su amistad con un conocido por quel
entonces actor de la época le reporta sus primeros papeles como extra. Su mente
despierta, sus ganas de aprender y el entusiasmo con en que afrontaba sus
trabajo lo llevan a ir evolucionando desde extra hasta lograr pequeños papeles
y tras una breve formación (que le sirve para trabar amistad con el futuro
productor de Hollywood Hal Roach, pieza fundamental en el futuro devenir de
Lloyd en el cine) da el gran salto al cine de Hollywood.
Sus primeros papeles datan de 1917. Son una serie de
cortometrajes, que nos solo le sirvieron para modelar su personaje y tomar
conciencia de lo que estaba suponiendo la irrupción del cine en la sociedad de
la época. Sino que con ellos poco a poco fue dándose a conocer para un público
cada vez más creciente. De esta época datan cortos como “El chef”, “Habla con papá”, ambos de
1919 o "Aparición de fantasmas” de
1920
Gracias al gran éxito y popularidad alcanzada por este puñado de cortometrajes a lo largo de dos años el salto al largometraje iba a ser cuestión de tiempo y así lo logra en 1921 en una de sus películas más recordadas “Marinero de agua dulce”.
Harold Lloyd ya era considerado como una de las caras
principales del cine cómico y así sus éxitos se iban concatenándose, esta vez ya en
forma de largometrajes. Sucediéndose títulos como “El doctor Jack” (1922), “El tenorio tímido” (1924) u otro de sus grandes aciertos “El estudiante novato” (1925).
Sin embargo es en 1923 cuando Harold Lloyd se convierte en mito al protagonizar “El hombre mosca”, sin duda su película más recordada, que nos deja para la posteridad la famosa y arriesgada escena del ascenso al edificio, anticipando escenas dignas de King Kong o del mismísimo hombre araña.
La transición al sonoro fue dura y trabajosa, aunque al igual que Chaplin, supo sobreponerse a una novedad que venía a modificar no solo la forma de hacer comedia sino la de entender un cine hasta aquel entonces basado en la mímica. Su primera aportación al cine sonoro viene ya en 1929 con ¡Qué fenómeno! .
Sus dos grandes aciertos una vez iniciada esta etapa fueron
“Cinemanía” (1932), que le mismo dirigió y sobre todo la que viene siendo
considerada como su mejor obra en el cine sonoro “La vía láctea” (1936),
firmada por un Leo McCarey en lo mejor de su carrera por aquel entonces.
Tras la década de los treinta su aportación se fue haciendo más gradual y solo con esporádicas apariciones como “¡Oh que miércoles!” (1947). Un gradual vuelta al anonimato, que dedicó para ponerse al día con múltiples proyectos personales, hasta su muerte en los setenta que sin embargo no resta pizca de mérito a este pionero de la comedia hoy en día considerado como una de las caras fundamentales a la hora de entender este género
Lloyd a la derecha junto a otros dos genios del humor como Keaton y Tatì
miércoles, 21 de noviembre de 2012
Dziga Vertov y el cine ojo
Si hablamos de grandes figuras del cine soviético a todos se nos viene a la mente Eisenstein o Pudovkin como las dos grandes referencias del cine comunista. Sin embargo y pese a que su cine no proliferó tanto como los dos primeros Dziga Vertov se antoja como una figura imprescindible para la compresión del cine y sus vanguardias.
Vertov fue un documentalista coetáneo de Eisenstein y
Pudovkin que tiene como máximo logro crear el movimiento de Cine Ojo (Kino
Glaz) como respuesta al noticiario Kino Pravda (o cine verdad) del que el mismo
sería fundador. Tal fue la relevancia del movimiento que grandes figuras del
cine como Godard y otros eruditos de la nouvelle vague se implicaron seriamente
en revivir la figura del documentalista en creando a finales de los sesenta el
Grupo Dziga Vertov, que duró un total de cinco años dando como resultado
prácticamente una decena de películas que seguían las premisas del cine de
Vertov
En cine ojo o Kino Glaz de Vertov se caracterizaba por una serie de premisas a fin de conseguir una total objetividad, liberando con ello a las imágenes de todo artificio subjetivo. Para ello las imágenes deben ser captadas sin preparación alguna, sin guión, ni siquiera decorado o puesta en escena. Los actores no pueden ser profesionales. Lo único realmente importante es el montaje como nexo de unión de fragmento de realidad. En resumen el Kino Glaz es una filosofía por traer la verdad sin artificios, aunque para ello se deba de adulterar todo método de construir una película. La idea se basa en que una lente debe observar la realidad mejor que un ojo humano, ya que este está dotado de subjetividad. Toda esta teoría es fielmente reflejada en su obra como en “Cine ojo. La vida al imprevisto” (1924)
Quizá su obra cumbre llegue con “El hombre de la cámara” (1929), un precioso retrato del San Petersburgo de la época, de sus gentes y de sus cotidianeidad que no solo queda para la posteridad como un instrumento sociológico sino como uno de los documentales más meticulosos que fueron capaces de crear escuela dentro de este género cinematográfico.
La obra de Vertov, pese a ser escasa y poco conocida, a
excepción de las obras mencionadas cuenta con aportaciones a ensalzar el
régimen como “El undécimo año” (1928), analizando la situación tras la
revolución de octubre o “Tres cantos para Lenin” (1930), donde se centra en la
figura del líder soviético.
Vertov también es el artífice de la primera película de animación soviética. En 1924 con “Juguetes soviéticos”, analiza la situación de su país basándose en una seria de caricaturas políticas utilizadas en periódicos de la época.
Otra obra experimental fue “Entusiasmo. Sinfonía del Donbass” (1931) en donde al ser su primera obra sonora experimenta con el sonido como antes nunca se había hecho. Un filme en donde se pueden escuchar incluso “conversaciones” entre voces, música e incluso sonidos (generalmente industriales).
domingo, 7 de octubre de 2012
Charles Chaplin
En 1936 con “Tiempos modernos” Charles Chaplin se despedía
del que había sido su alter ego en la pantalla desde sus ya lejanos comienzos
en el cine. En un preciosa imagen final el bueno de Charlot se despedía de
todos nosotros alejándose lentamente por el horizonte, acabando así el periplo
de uno de los personajes más míticos de toda la historia del séptimo arte, sin
embargo Chaplin seguía su carrera con renovadas ideas, siempre en torno a la
comedia, y como siempre un poco la margen de la gran industria cinematográfica. Sentimentalismos a parte con "Tiempos modernos" se estrena otra de sus grandes películas, con el
cine sonoro ya más que asentado, Chaplin sigue en sus trece de seguir haciendo
cine mudo, ese tipo de cine que tanto éxito le llevaba dando y estrena en ese formato, con la salvedad de algún que otro sonido de ambiente.
La película resulta un rotundo éxito convirtiéndose en no solo una de las
mejores en su filmografía, sino en un auténtica obra maestra del cine,
demostrando con ello que había mucha más vida y talento detrás de Charlot.
El 1940 y en plena segunda guerra mundial retrata un perfecta sátira de lo que estaba aconteciendo al otro lado del Atlántico y que tenía conmocionado al mundo. Una comedia satírica sobre un dictador, interpretado por el mismo, en un personaje que hasta físicamente recordaba a Adolf Hitler, que de pronto se veía suplantado por un judío del gueto con asombroso parecido con el. El film en cuestión, "El gran dictador", fue un gran éxtio e público y crítica y está considerada como una de las mejores comedias de la historia del cine
Con “Monsieur Verdoux” (1947), Chaplin entra de lleno en la comedia negra, basándose en un a historia real representa la vida de un elegante caballero de doble vida, mientras por un lado mantenía con opulencia una intachable familia, por otro dedicaba a casarse en secreto con viudas millonarias que después “apartaba” definitivamente de su vida a fin de convertirse en su heredero, pese a lo macabro del argumento, Chaplin se las ingenió para retratar un personaje desde la ternura y convertir unos hachos tan dramáticos en un verdadero ejemplo de comedia.
“Candilejas” (1952) pretende ser una vuelta a sus raíces al mundo del vodevil y de las variedades. Chaplin representa a un payaso que no es consciente que sus mejores tiempos ya han pasado y lucha sin cesar por ganarse de nuevo el favor de un público que ya apenas se acuerda de él. Para el recuerdo queda la hilarante escena final que resulta todo un homenaje al cine cómico de la etapa muda. Un cine ya perdido hace años, pero que nos da la oportunidad por ver por primera y única vez a los dos grandes genios cómicos de la época en la misma pantalla, puesto que un ya mayor Buster Keaton colabora en una imborrable y nostálgica escena a fin de ayudar reverdecer viejos laureles a un Chaplin desesperado por volver a la fama.
Como bien es sabido a Chaplin siempre le gustó trabajar un poco al margen de la gran industria cinematográfica. Sonada fuera la fundación de United Artist, como compañía alternativa que defendía los derechos de los actores, iniciativa surgida del matrimonio Pickford-Fairbanks, del director D.W. Griffith y del propio Chaplin. Sonado fue también años después su enfrentamiento con el senador McCarthy que en plena guerra fría se dedicó a perseguir a comunistas en Estados Unidos en algo que se conoció en el mundillo de Hollywood como caza de brujas y que dio con Chaplin exiliado a Suiza, en donde finalmente terminaría sus días. Haciéndose eco y como crítica a esta decisión Chaplin estrena desde el exilio “Un rey en Nueva York” (1957) toda una sátira en torno al exilio y a la opresión ideológica.
En 1967 un ya bastante mayor Chaplin emprende lo que sería su última gran aventura en el mundo del cine. Rueda “La condesa de Hong Kong” junto a dos grandes estrellas de Hollywood en aquellos momentos como fueron Sophia Loren y Marlon Brando dejándonos como legado final esta apetecible comedia romántica que aunque lejos de sus mejores obras siempre deja un grato recuerdo tras su visionado. Cansado y anciano y lejos de la patria que lo vio triunfar Chaplin fallecía el día de navidad de 1977 en su retiro en los Alpes suizos rodeado de sus más allegados.
miércoles, 27 de junio de 2012
Greta Garbo
Lo de Greta Garbo con el cine fue amor a primera vista, ella
quería las cámaras y las cámaras la querían a ella. Con ella nació el star
sistem, el sistema de casta de grandes actrices y actores, la publicidad a
raudales y la gran acogida del gran público. Con ella nación “la divina”.
Nacida a principios de siglo en el frío Estocolmo en el seno
de una humilde familia, Garbo pronto comienza su relación con el séptimo arte,
eran los pretéritos tiempos del cine mudo en donde Suecia era una de las
capitales del séptimo arte en donde grandes pioneros como Stiller o Sjostrom
preparaban las primeras obras de arte del cine.
Precisamente a las ordenes de Stiller se puede ver a una
joven Greta Guftanson (su verdadero nombre) empezar lo que sería su breve pero
meteórica experiencia en el mundo del celuloide. De todas estas primera y mudas
apariciones destacamos “La saga de Gosta Berling”, basada en la famosa novela
de Selma Lagerlöf y un preciso retrato de la Suecia del siglo XIX.
El éxito de cine europeo pronto se ve arropado por el
norteamericano, que más rico e influyente no duda en echar sus redes en los
excelentes viveros de Europa y así es como múltiples artistas hacen sus maletas
y se marchan al país de las oportunidades en su particular búsqueda de fama y
poder. Entre todas estas personas se incluyen la joven Greta Garbo y el ya
afamado director Mauritz Stiller.
Junto Stiller comienza su andadura por el incipiente cine
americano con un drama romántico de poca repercusión como fue “La tierra de todos” (1926), sin embargo su primer gran éxito y título reseñable al otro lado
del charco sería su interpretación de “Ana Karenina”, según la obra de Tolstoi.
Tras estos primeros trabajos en suelo americano llegan
títulos reconocidos como “La mujer divina” (1928) de la que apenas se conservan
ocho minutos, pero que valió para darle el sobrenombre por el que será para
siempre conocida o la más exótica “Orquídeas salvajes” (1928).
En los años treinta Garbo tuvo que pasar la dura prueba de
transición del mudo al sonoro, muchos eran los actores y actrices de éxito que
no lograban adaptarse a tan importante y definitivo cambio, sin embargo el
carisma de la divina seguiría llenando pantallas de todo el mundo con el cine
sonoro, de hecho su primera película sonora (“Anna Christie”) fue su primera
nominación a los Oscar y la Garbo triunfaba como bien rezaban los famoso
eslóganes “La garbo habla…”. Greta Garbo saboreaba las mieles del éxito cuando
decide enfundarse vistosos vestidos para convertirse en la “Mata hari” más
seductora de la historia del cine.
Tras el éxito de su primera experiencia sonora, repite
nominación un año después con “Romance” y se catapulta definitivamente al
olimpo de los dioses y diosas de la gran pantalla con la mítica “Gran Hotel” (1932). Por fin estaba claro que la aventura de la Garbo por Norteamérica, por
la que sinceramente pocos apostaban se había afianzado hasta límites
insospechados. Greta Garbo era sin duda la actriz del momento en los años
treinta.
Tras el rotundo éxito de “Gran Hotel”, Greta Garbo brilla
interpretando a la famosa “Reina Cristina de Suecia” (1933) de Rouben Mamoulian
en otro título que a buen seguro se encuentra entre sus papeles más recordados
y vuelve a su género predilecto con otro renace de gran éxito como “El velo pintado” (1934), reciente y nueva adaptación al cine.
A mediados de los años treinta Ana Karenina vuelve a la vida
de Greta Garbo para sustraer una de sus mejores interpretaciones (premiada
incluso con el premio de círculo de críticos de Nueva York). Y con Camille (“La reina de las camelias”) cierra su participación en adaptaciones de literatura
clásica (en este caso de Dumas hijo) con su tercera nominación a los Oscar.
En sus dos siguiente películas, con las que cierra la
década de los treinta interpreta a mujeres de este en la primera a “Maria Waleswka” (1939), siguiendo la relación entre una aristócrata polaca y el mismísimo Napoleón (Charles Boyer) y en la segunda a la conocidísima “Ninotchka” (1939),
quizá su película más popular y publicitada con el eslogan Garbo ríe!, en
alusión a su primera película sonora (Garbo habla!) y en referencia a la famosa
escena final con carcajada incluida de una actriz y persona de rostro
impenetrable que acentuaba más quizá su frialdad y hermetismo ante el gran
público, tanto en sus interpretaciones como en su vida privada y por la que
lograría su última nominación al Oscar (premio que nunca se llevó, algo que
solventó la academia concediéndole uno en 1954, ya retirada, por todos los
logros en su carrera y que fiel a su estilo rechazó)
Visto el éxito de Ninotchka (su primera comedia), Cukor el
gran director de mujeres y de comedias la recluta para su nuevo proyecto, “La mujer de las dos caras” (1942), pocos desconfiarían que esa alocada comedia
sería la última de la filmografía de una de las más grandes y fascinantes
actrices que ha dado Hollywood, pues tras ella y a la temprana edad de 37 años
Greta Garbo anunciaba su retirada en lo más alto. Su vida continuaría la margen
de los focos y las grandes fiestas. Una vida que decidió vivir a su manera, de
forma introvertida y tranquila hasta que ya de anciana y aun recordada por
muchos se apagaba su estrella a los 84 años. Con ella nos dejaba la primera
gran estrella femenina del cine mudo que consiguió trascender y adaptarse de
una manera sobresaliente a las exigencias del sonoro.
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