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miércoles, 13 de agosto de 2014

Susan Hayward




Susan Hayward pasa por ser otra de las grandes actrices secundarias de los años dorados de Hollywood. Un nombre quizá no al alcance de las más grandes y reconocidas, pero con un currículo sin duda envidiable para muchas.

Como otras muchas Susan Hayward, o Edythe Marrenner (su verdadero nombre) comienza su carrera como modelo en el frenético Nueva York de entreguerras. Su gran belleza con ascendencia sueca, por parte de abuelos maternos y su bien hacer delante la cámara le llevan pronto a rondar por Hollywood y tras una breve incursión en filmes menores su nombre suena ni más ni menos que para interpretar a la gran Scarlett O´Hara de “Lo que el viento se llevó”, papel que finalmente encumbraría la carrera de Vivien Leigh.

Su primer gran papel vino al lado de Gary Cooper en “Beau Geste” (1939) y tras ella comienzan las dos décadas que marcaría la carrera de Susan Hayward en el mundo del cine.


La década de los cuarenta la llevó a embarcarse en todo tipo de proyectos de diferente calado, forjándose así con un nombre en Hollywood, así la vimos aparecer en cintas de acción y aventuras como “Piratas del mar Caribe”, cine negro como “Muerte al amanecer” o “Odio entre hermanos” o comedias románticas como “Me casé con un bruja”.


Su papel más destacado en esta época y por el que recibe su primera nominación a los Oscar es el de una cantante alcohólica en el drama de Stuart Heisler “Una mujer destruida”, un galardón que al final se lleva Loretta Young por su interpretación en “Un destino de mujer”.


Ya bien entrada las postguerra Susan Hayward sigue diversificando su carrera con western como “El correo del infierno” o “El desfiladero de la muerte” o películas históricas como “Demetrius y los gladiadores” o “David y Betsabé”.


Durante esta década, su etapa sin duda más prolífica, se asocia la imagen de Susan Hayward con dos películas una de ellas la imperecedera “Las nieves del Kilimanjaro” junto a Gregory Peck y otra más por motivos personales que por la calidad de la cinta al participar en el elenco de “El conquistador de Mongolia”, rodaje que al igual que muchos de sus compañeros y demás participantes en la misma le cobraría factura al rodarse cerca de un campo de pruebas de armas nucleares de los EEUU ya que la radiactividad a la que fueron expuestos en esa época se cobraría la salud y la vida de muchos de los participantes en aquel rodaje maldito, entre las que posteriormente se incluiría Hayward, que fallecería de un fulminante cáncer años después.


Pero sin embargo el título a destacar en esta época es el de la obra de Robert Wise “¡Quiero vivir!” por la que Susan Hayward se alza con la estatuilla a la mejor interpretación femenina al interpretar a  la perfección a una atormentada mujer en un gran alegato en contra de la pena de muerte.




Más allá de este período la carrera de Susan Hayward continúa cada vez más espaciada hasta su ya citada muerte en la década de los setenta, destacando algún título que otros como “Mujeres en Venecia” o “Los vengadores”.

miércoles, 23 de abril de 2014

Judy Garland


Proveniente del mundo del vodevil y al igual otras muchas estrellas Judy Garland irrumpe con una fuerza inaudita en un Hollywood plagado de estrellas y pronto se convierte en todo un fenómeno. Estrella infantil, cantante, esposa entre otros de reputados directores como Vicente Minnelli y hasta madre de una estrella como Liza Minnelli, la vida de Judy Garland lo tenía todo para colmarla de éxito y felicidad, sin embargo si vida se rompe prematuramente sin ni siquiera cumplir los cincuenta, fruto de una de sus múltiples depresiones, quizá  a raíz de una difícil adolescencia, en la que fue sometida a todo tipo de presiones para seguir en la creta de la ola, atrás quedaban varios matrimonios, coqueteos con el alcohol y la drogas… pero también una excelente carrera que conviene recordar.

Como se mencionó la carrera de Judy Garland (entonces todavía Frances Ethel Gumm) procede del mundo de vodevil en donde triunfaba junto a sus hermanas formando en grupo de la hermanas Gumm. Así irrumpe en Hollywood y después de varias intentonas con papeles menores y secundarios y a la temprana edad de dieciséis años le llega la oportunidad de interpretar a Dorothy en uno de los mayores éxitos de la historia del cine. Con “El mago de Oz” de Victor Fleming, Garland entra por la puerta grande en el universo de Hollywood, a la vez que recibía un Oscar especial por su irrupción la MGM se hacía con sus servicios con un contrato de quince años.


Su siguiente gran aportación es “Cita en San Luis” en 1944 dirigida por Vicente Minnelli, que a la postre se convertiría en el segundo y más reconocido de sus cinco matrimonios. Sin duda todo un clásico del género musical. Y repetiría experiencia, junto a su ya esposo, un años más tarde con “El reloj” (1945) o “El pirata” (1948).


Mucho más madura y ya liberada del contrato de la MGM dedica su talento al mundo del teatro y la televisión, espaciando más sus apariciones en la gran pantalla. Tras un parón reaparece por la puerta grande con otro de sus grandes títulos “Ha nacido una estrella” (1954), una película que guarda cierta similitud con la carrera de Judy Garland y que la pone de nuevo en la cresta de la ola.


Sin embargo sus aportaciones al séptimo arte son cada vez menores y su vida cada vez más caótica. Antes de su trágico y prematuro final en 1969 por un gran ingesta de barbitúricos todavía tiene la oportunidad ee formar parte del gran elenco de “¿Vencedores o vencidos?. El juicio de Nuremberg” (1961), sin duda la última gran aparición de una estrella a la que su vida privada fue apagando poco a poco privando a Judy Garland de lo que a priori hubiese sido una longeva y exitosa carrera.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Anne Bancroft



Con Anne Bancroft repasamos una figura quizá no muy conocida por el gran público, pero con una selecta e importante filmografía que siempre conviene repasar.

De ascendencia italiana, nace en la América del “new deal” posterior al crack del 29 en el neoyorkino barrio del Bronx. Ya desde muy pequeña decide dedicarse al mundo de la interpretación, y ya con la tierna edad de cinco años se la ve acudir a clases de baile e interpretación, de ahí al centro de interpretación de Manhattan a completar su formación y ya entrados los años cincuenta y con apenas veinte añitos da el salto a Hollywood.

Su estreno no fue ni mucho menos el soñado, papeles discretos en películas de bajo presupuesto hacen que replanteé su idea y regrese a casa desanimada, pero no rendida ni mucho menos. Dedica todos sus esfuerzos al teatro, y ahí si que logra éxitos, galardones y fama, lo que la hace concederse una segunda oportunidad y regresar a Hollywood.

Corre ya le final de la década de los cincuenta y se la puede ver en títulos de mayor calado como “La tierra del orgullo” (1956) o un título relevante del cine negro como fue “Al caer la noche” (1958), sin embargo su asalto al estrellato no se produce hasta los años sesenta con un título clave en su carrera. “El milagro de Anna Sullivan” (1962) le otorga no solo fama mundial sino que la conduce a alzarse con su única estatuilla a mejor interpretación.


Así pues con un Oscar en mano la carrera en Hollywood se hace más fácil y los directores se rifan sus trabajos. Aparece en títulos como “Siempre estoy sola” (1964) o la coral “Siete mujeres” (1966) y trabajo tras trabajo llega la obra por la que más será recordada. En 1967 actúa en una controvertida obra seduciendo a un joven Dustin Hoffman en la imperecedera “El graduado”.


Sin nada que demostrar afronta los años setenta estrenado una dulce madurez y aporta su experiencia a obras como el biopic sobre Churchill. “El joven Winston” o actuando junto a su marido Mel Brooks en una de sus obras principales como “La última locura”.



Los últimos años los aprovecha para seguir trabajando sin descanso, eso si ya con papeles mucho más secundarios y aparece en obras relevantes como “El hombre elefante” (1980) de David Lynch o “Buscando a Greta” de Sydney Lumet.


Sus papeles eran cada vez más contados hasta la llegada del nuevo siglo en donde se despide del cine con apariciones en un par de comedias románticas como “Más que amigos” (2000) o “Las seductoras” (2001), cuatro años más tarde fallecía en su Nueva York querido y con ella se apagaba aquella madre madurita y seductora que cautivó a cientos de jóvenes en los sesenta y setenta, representados perfectamente por la candidez de Dustin Hoffman en la imperecedera “El graduado”.


martes, 4 de junio de 2013

Shirley Maclaine



Con Shirley Maclaine repasamos la figura de una de las actrices más longevas y reconocidas del panorama actual.  Comenzó en el mundo del cine en el ocaso de las mayors, eso no fue óbice para su participación en obras clave del séptimo arte, hoy en día y ya frisando los ochenta años aun se la puede ver en cartelera en una serie de interpretaciones como una secundaria de lujo y a modo de genial maestra para toda una nueva generación de actores y actrices.

Su debut vino ni más ni menos que de la mano del mago del suspense. Con “Pero…¿Quién mató a Harry?” (1955), Maclaine se daba a conocer al mundo con us primer gran papel protagonista.


Su repentina fama le da pie a aparecer en alguna obra de renombre para finalizar la década de los cincuenta, o bien acompañando a Sinatra en “Como un torrente” (1958) o formando parte del gran elenco de la mejor adaptación hasta el momento de la obra de Verne “Vuelta al mundo en ochenta días” (1956).


Pero sin duda su fama llega  gracias a las comedias, en donde su sarcasmo luce mejor que el de cualquier otra. Todo ello la conduce hacia Wilder, uno de los reconocidos genios de la comedia, el cual ala une a otro comediante de primera como el histriónico Jack Lemmon, obteniendo como resultado una de las mejores comedias de todos los tiempos. “El apartamento” (1960) es una de esas cintas de visionado obligatorio para todo aquel cinéfilo que se precie. Toda una obra maestra del cine que además reporta la oportunidad a Shirley de luchar por su primer Oscar (suerte que reacaería esta vez en Liz Taylor por “Una mujer marcada”).


El devenir de la década sigue por los mismos derroteros. Comedia tras comedia con alguna excepción como el drama junto a Audrey Hepburn con tintes misóginos “La calumnia” (1961). Del género cómico destacamos otro gran éxito junto a Billy Wilder como “Irma de dulce” (1963) como otra de las obras clave tanto el a carrera del director como la de al actriz. Un prostituta de buen corazón que traerá a Lemmon de nuevo por la calle de la amargura.


Los setenta conllevan su debut en la televisión y su primera y única aparición en un western, en este caso en junto a un gran entendido en la materia como Eastwood en “Dos mulas y una mujer” (1970), sin embargo su mejor obra en esta década, un drama costumbrista de título “Bienvenido Mr.Chance” (1979),  llega ya casi finalizándola.


Con los años ochenta parece revivir un especie de segunda juventud y los éxitos pretéritos parecen volver a repetirse en su carrera a pesar de estar ya en lo cincuenta años, edad considerable para mucha actrices, lejana a su juventud tan idónea para alocados romances y más destinada a papeles secundario como madres o abuelas de los protagonistas principales. Maclaine rueda a un gran ritmo pese a su ya comentada atípica edad sin embargo todos esos título quedan a la sombra de “La fuerza del cariño” (1983), sin duda la película de ese año y la oportunidad de poder al fin alzarse con la ansiada estatuílla que tanto tiempo llevaba anhelando.


Pero no solo los ochenta son “La fuerza del cariño”, Maclaine tiene la oportunidad de seguir sumando títulos a fin de enriquecer su ya flamante filmografía. Hablamos de títulos importantes para la década como “Magnolias de acero” (1989) o “Postales desde el filo” (1990).


A raíz de los noventa su participación, en cuanto a calidad, no cantidad, comienza a bajar gradualmente y sus participaciones son cada vez más medidas, aun así importantes títulos como la nueva versión de “Embrujada” (2005) o comedias románticas del tipo “Dicen por ahí” (2005) pueden presumir de contar en su elenco con un secundaria de lujo y que ya cerca de los ochenta años se ve con fuerzas para presentar nuevo proyectos. ¡Larga vida a Shirley Maclaine!.

 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Bárbara Stanwyck




Hoy nos hacemos cargo de la filmografía de una de las actrices más infravaloradas de Hollywood. Con una longeva carrera a sus espaldas y con su participación en muchas de las obras clave del séptimo arte no fue hasta muy tarde, con su ocaso ya cercano, cuando Hollywood se acuerda de Bárbara Stanwyck, en forma de Oscar honorífico, atrás quedaban cuatro nominaciones fallidas en otros inolvidables personajes e importantísimos trabajos con afamados  y dispares directores como Frank Capra, Billy Wilder o Fritz Lang.

Su carrera comenzó con el cine sonoro. Los años veinte dejaban atrás la miseria de la primera guerra mundial para cerrar el ciclo con el gran varapalo del crack bursátil del 29. Este era el Hollywood en el que una joven Bárbara pretendía hacer su carrera como actriz. Los comienzo como siempre fueron difíciles y tan solo su buen trabajo y esa pizca de suerte necesaria provocaron que su sueño acabase en el olvido.

El gran impulsor de su carrera no fue otro que Frank Capra, que cuando la joven Bárbara era apenas conocida en Hollywood el supo ver su potencial y la convirtió en protagonista de muchas de su primeras obras. Hablamos de “Mujeres ligeras” (1930), “La mujer milagro” (1931), “Amor prohibido” (1932) y sobre todo la más reconocida “La amargura del Capitan Yen”(1933).


Sus primeros papeles de relevancia llegan en los años treinta con “Baby face” (1933), un temprano western de John Ford como “El arado y las estrellas” (1936) y sobre todo “Stella Dallas” (1937) su primer gran papel en un personaje que quedará para la historia y que le supone su primera nominación al Oscar.


Los años cuarenta comienzan fuerte primero con su recientemente estrenado matrimonio con uno de los galanes más cotizados de Hollywood como lo era Robert Taylor y además Bárbara Stanwyck comienza a firmar títulos imperecederos como “Las tres noches de Eva”, en donde intenta por todos lo medios estafar a un inocente Henry Fonda u otro de los títulos clave no solo en su carrera sino en la historia del cine. Una obra maestra de Howard Hawks titulada “Bola de fuego”, por la que otra vez es nominada como menor actriz.


Pos si fuera poco Capra se cruza de nuevo en su camino y el resultado es una de las obras más reconocidas del genial director y uno del los punto álgidos en la carrera de Bárbara Stanwyck. La cinta en cuestión, “Juan nadie”, la empareja con Gary Cooper, un don nadie que gracias a la tesón de Bárbara como periodista ve encauzada su vida al éxito y a la fama.


Marquemos un año, 1944, como el gran momento de Bárbara Stanwyck en el mundo del cine, peso a sus grandes éxitos y a su longeva carrera ningún título le hace tanto merecimiento como la gran obra maestra de Blly Wilder dentro del cine negro. En “Perdición” Bárbara Stanwyck está totalmente arrebatadora y tan solo una excepcional interpretación como la de Ingrid Bergman en “Luz que agoniza” la privaría de un Oscar más que merecido.


El tremendo éxito de la cinta la convierte en una cara muy reconocible de cine negro, sabedora de ello se entrega a proyectos interesantes, aunque ninguno a la altura de su genial predecesora. Así se suceden títulos como “El extraño amor de Martha Ivers” (1946), "Las dos señoras Carroll” (1947), junto a un icono del cine negro como Humphrey Bogart, o “Voces de muerte” (1948), lo que le supone una nueva nominación a mejor actriz principal.


La década de los cincuenta denota una falta de lustro en su exitosa carrera. Se versatilizó en cuento a géneros rodando western como “Las furias” (1950), melodramas al estilo Douglas Sirk en Su gran deseo” (1953) y “Siempre hay un mañana” (1956), sin embargo su título más importante de la década, que recordemos es muchos más floja que su predecesoras, es otra cinta de cine negro esta vez de mano de Fritz Lang y su clásico “Encuentro en la noche” (1954).


En vista de que su éxito comenzaba a decaer y los años a pesar, Bárbara Stanwyck arriesga y se involucra en un proyecto novedoso para ella: un show destinado a la recientemente estrenada televisión, que a pasos agigantados comía terreno a la gran pantalla como principal instrumento de entretenimiento de las aburridas masas. Se trata de un show de 36 capítulos presentado y protagonizado por ella como una especie de antología dramática.


Se ve que la experiencia la gusta a bárbara puesto que a raíz de la fecha y pese a esporádicas incursiones en la gran pantalla en los años sesenta (acompañando incluso a Elvis) su fama debe a su aportación a la pequeña pantalla con apariciones en serie míticas como “Los colby” o “El pájaro espino”.


Tras esta nueva etapa y ya mayor y cansada Bárbara Stanwyck se retira de la vida pública. Falleciendo a unos respetables 82 años en su casa de Santa Mónica debido a problemas coronarios.

martes, 29 de enero de 2013

Lana Turner



A priori Lana Turner representa a ese prototipo de actriz exuberante de gran belleza y larga melena rubia que trae a los hombres por el camino de la amargura, gracias a sus contoneos y a ese sex appeal innato que la hace la perdición de cualquier hombre. Es sin duda el gran símbolo sexual de los años cuarenta para millones de norteamericanos, y una de las más recordadas mediante fotos pin-up en las trincheras y barracones de la segunda guerra mundial. Sabedora de ello, Lana Turner era la primera en explotar esa faceta, pero si indagamos un poco más allá en su vida y obra vemos a un actriz de gran talento, que sin embargo llevaba una vida muy desordenada e inestable, con múltiples matrimonios y escarceos, así como numerosos escándalos posiblemente todo ello derivado de un serio problema de autoestima.

La vida artística de Lana Turner comienza al igual que otras jovencitas de su edad por la publicidad, sin embargo su desparpajo y su exuberante físico le facilitaron su entrada en el mundo de Hollywood, primero con veladas a apariciones que no se ceñían más allá que a mostrar su físico y más tarde con pequeñas aportaciones en las que ya podía intuirse la actriz que luego llegaría.

Pese a estos múltiples trabajos, la fama para Lana Turner no llegaría hasta los años cuarenta, en donde tras compartir cartel con grandes actores y firmar un puñado de excelente obras no solo se convierte en una reputada actriz, sin o en todo un símbolo erótico para la nación más cinematográfica del mundo.

Sus primeros grandes papeles vinieron junto a grandes actores de la época como Spencer Tracy y Robert Taylor con quienes colabora respectivamente en la famosa adaptación del clásico de Stevenson “El extraño caso del Dr Jekyll” (1941) y con todo un precedente del cine negro como “Senda prohibida” (1942).


Sin embargo su gran legado llegará en 1946 con la versión “El cartero siempre llama dos veces” un papel por el que todos identificamos a Lana Turner y que al alzó definitivamente al estrellato cinematográfico y la convierte en toda una sex simbol.


La carrera de Lana se encontraba en los más alto así aprovecha el tirón de su gran éxito para enrolarse en grandes proyectos como la enésima y una de las más recordadas versiones de la conocida novela Dumas “Los tres mosqueteros” (1948) o por otro gran clásico de la historia del cine como fue “Cautivos de mal” (1952).


Su vida privada sin embargo corrí de forma inversamente proporcional a su carrera, sonados eran sus romances con compañeros de reparto y demasiado numerosos sus matrimonios (se cesó hasta un total de siete veces) lo que da muestra de su gran inestabilidad sentimental. Todo se acrecenta con problemas de alcoholismo y el misterioso asesinato de un amante suyo (se dice que por parte de su hija en defensa propia por los reiterados malos tratos recibidos tanto a su persona como a la de Lana Turner). El caso es que tanto escándalo, parte de ser la comidilla de la prensa sensacionalista, comenzó a hacer mella en la hasta entonces impoluta carrera de Lana Turner y con ello comenzó su declive.

Pese a esa serie de problemas personales Lana Turner todavía tuvo tiempo de participar en un par de grandes obras y es que precisamente fue con la primera de ellas, “Vidas borrascosas” (1957),  por la que consigue su única nominación al Oscar. La otra es uno de los excelentes y lacrimales melodramas a los que nos tenía acostumbrados Douglas Sirk, y no uno cualquiera, sino en “Imitación a la vida” (1959), uno de sus más reconocidos y toda una obra maestra del cine


Este par de aportaciones no son más que un espejismo pues la carrera de Lana Turner comienza a ir cuesta abajo y lo que es peor sin frenos. Sus apariciones son cada vez más escasas y la calidad de las mismas más que dudosa. Tan pronto se la puede ver en dramas como “Retrato en negro” (1960), como en comedias ("Trampa a mi marido" [1962]) e incluso en algún que otro capítulo de la exitosa serie de los ochenta “Falcon Crest”. Sin embargo las actuaciones estelares de Lana Turner ya parecían quedar ancladas en el pasado y ya lejana parecía a aquella época en la que fascinaba al mundo con un simple pestañeo. Así a mediados de los noventa y sumida en un relativo olvido de un Hollywood que había dejado definitivamente años atrás, Lana Turner fallecía a los 75 años en su casa de Los Ángeles.