En un mundo cada vez más globalizados gracias a las nuevas tecnologías y en especial a internet, la gran red global, parece mentira que aparezcan noticias como estas. Y es que recientemente el Canal Eyes of Cinema ha encontrado "Cupid´s shaft", una obra que se creía perdida ni más ni menos que de Woody Allen. Todo un homenaje a los pioneros del cine y a los primeros cómicos de séptimo arte que le genial comediante rodó a finales de los años sesenta para la CBS dentro de "The Woody Allen TV Special". El corto, mudo y con intertítulos, lleva ya un tiempo por internet, aquí dejo esta rareza pra todo el que la quiera disfrutar.
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martes, 25 de noviembre de 2014
jueves, 15 de noviembre de 2012
Woody Allen: su trabajo más reciente
Actualizamos al fin la filmografía de Woody Allen que tan
pormenorizadamente hemos ido repasando en el blog hasta llegar al cine de
nuestros días de este genio de la comedia. Revisamos finalmente sus películas
una vez entrado el nuevo milenio.
Allen entra en el nuevo siglo con éxitos basados en el mundo
del robo y la pillería. Primero con “Granujas de medio pelo” (2000), un
disparatado y cómico robo que se va complicando a medida que avanza el metraje
y que por momentos recuerda a un gran clásico del humor como “El quinteto de la muerte” (1955) y más tarde con “La maldición del escorpión de Jade” (2001), en
donde el subconsciente le juega una mala pasada al propio Allen, que verá como
su impecable carrera como investigador dará un giro a raíz de una extraña
sesión de hipnosis.
Su siguiente película es su enésimo homenaje al cine, con “Un final made in Hollywood” (2002), Allen rueda cine dentro del cine, representa a un director de cine que tras un prolongado tiempo de ostracismo pretende volver a éxitos pretéritos a cualquier precio
Para "Todo lo demás” (2003) Allen rescata a un Jason Biggs en más alto de su fama tras el rotundo éxito de las comedias adolescentes de “American pie”, en donde precisamente representa un personaje muy similar al los representados por Allen a lo largo de su filmografía. El resultado es un alocada comedia romántica que sin pasar a los anales del cine entretiene y divierte a partes iguales.
Con "Melinda y Melinda” (2004) Woody Allen empieza vislumbrar su idilio con Europa, al fin y al cabo el grueso de su gran público. Un idilio que le llevaría rodar en España, Inglaterra, Francia o Italia. La película resulta todo un éxito que radica en un excelente guión que cuenta un historia en flashback, pero desde distintos puntos de vista lo que le da al los personajes un cariz distinto según la opinión del narrador correspondiente.
“Match point” (2005) a parte de ser su primera toma de contacto con Londres, otra de sus ciudades predilectas recientemente, es su primer trabajo con Scarlett Johansson, que se convertirá en su musa más reciente al igual que en su día lo fueron Diane Keaton y su ex-esposa Mia Farrow. La película a parte de contener todo lo bueno del universo de Woody Allen, resulta un excelente thriller y se convierte en uno de los éxitos recientes del director.
Tal fue el nivel de satisfacción con su anterior proyecto que para sus nuevas películas Woody Allen repite ciudad y en el caso de “Scoop” (2006) incluso actriz principal, en lo que sería la última aparición hasta este año de Woody Allen delante de la gran pantalla. La otra aportación de Londres a su filmografía fue la olvidable “El sueño de Casandra” (2007) apoyada en la interpretación de Colin Farrel y Ewan McGregor supone una de las cintas más pobres de los últimos tiempos.
“Vicky Cristina Barcelona” (2008) supone un cinta muy especial para España, rodada entre Barcelona y Asturias, cuenta con una pareja protagonista patria (Bardem-Cruz), que precisamente iniciarían su relación fuera de la pantalla durante el rodaje, a los que se une sus musa Johansson. Además por si fuera poco Penélope Cruz consigue el primer Oscar para España por una interpretación femenina.
Para su siguiente proyecto Allen recurre a un famoso cómico
como Larry David como alter ego suyo delante de la gran pantalla. Todo un
acierto, el cómico se convierte en la piedra angular de “Si la cosa funciona” (2009), resultando uno de las cintas más hilarantes y graciosas de los últimos
tiempos.
Nueva conexión entre España y Woody Allen, esta ver gracias a Antonio Banderas que asume el rol del papel principal en “Conocerás al hombrede tus sueños” (2010). Un proyecto sin embargo flojo que no está ni mucho menos a la altura de los títulos importantes del director.
En 2011 sin embargo Allen se resarce trayéndonos otra pequeña joya como “Midnight in Paris”. El director neoyorquino nos muestra la belleza de la ciudad del amor como pocos directores se atrevieron. Un maravilloso viaje al pasado, al París de los grandes literatos al barrio bohemio de Montmartre a través de una especie de salto temporal que hacía pasar a Owen Wilson las noches más románticas y bohemias de la mano de la flor y nata de la belle epoque parisina.
Su último proyecto hasta la fecha lo lleva a Roma de nuevo de la mano de Penélope Cruz, que aparece en una de las cuatro historias que a modo de cuento nos desentrañan al ciudad eterna en lo que viene siendo “A Roma con amor” (2012) la película que trajo de vuelta al Woody Allen actor a la espera de su nuevo proyecto en donde ya está cerrado el reparto y está en plena etapa de rodaje.
Con ello y a grandes rasgos repasamos hasta día de hoy la carera de uno de los mayores y más prolíficos directores de toda la historia del cine. Todo un genio de la comedia que desde los años sesenta hasta a la actualidad nos viene obsequiando con un regalo anual en forma de nueva película. Y ¡Que dure!...
lunes, 16 de julio de 2012
Woody Allen: años 90
Seguimos por el repaso en fascículos de uno de los más
grandes genios de la comedia que ha dado la historia del cine. Su grandísima
propensión al trabajo, a casi película por año, nos obliga (aunque el que
suscribe lo hace encantado) a repasar su excelente filmografía en varios post.
Prolífico como pocos a nadie se le escapa que estamos hablando del histriónico
y en cierto modo maniático Woody Allen y sin más dilación aquí el repaso a su
carrera en los años noventa.
Tras una exitosa década plagada de éxitos (no nos olvidemos
que Allen venía de firmar películas como “La rosa púrpura del Cairo” [1985],
“Hannah y sus hermanas” [1986] o “Días de radio” [1987]), en director
neoyorkino se veía en el difícil reto de mantener un nivel que se había
disparado con tanto éxito y popularidad. El reto comienza en 1990 de la mano de
una de sus actrices fetiche, y por entonces esposa, Mia Farrow con “Alice”, un
mujer encerrada en un insulsa vida que por un momento logra evadirse de la
misma con extrañas consecuencias, pese a lo original de la idea el filme pasa
sin pena ni gloria y no se encuentra precisamente entre su mejores
producciones. Sin embargo su siguiente película sin llegar a ser uno de sus
grandes títulos si capta la atención del público. Un especie de thriller, con
su toque personal obviamente, con reminiscencias del cine de los años treinta y
una fotografía impecable que respondía al nombre “Sombras y niebla”.
Con “Maridos y mujeres” (1992) suma otro gran título a su ya
excelente filmografía. Una perfecta disección de la vida el pareja con un toque
cómico, al igual que años antes lo había hecho Bergman con “Secretos de un matrimonio” (1973), autor que por otra parte siente gran predilección e influye
claramente en la obra del director neoyorkino.
En 1993 sigue con su idilio con Nueva York con “Misterioso asesinato en Manhattan” una película que este caso recuerda en cierto modo a
“La ventana indiscreta” de Hitchcock, manteniendo de esta forma otro homenaje a
otro de los directores que más influencia han tenido en su forma de ver el
cine.
1994 es su año más prolífico pues firma “Los USA en zona rusa”, una sátira sobre la guerra fría destinada a la televisión y sobre todo
con otro gran título: “Balas sobre Broadway”, regresando de nuevo a sus
añorados años 30 y la época de la ley seca y de los poderosos gangsteres que
dominaban los bajos fondos de Nueva York a sus anchas.
Mediada la década llega aire fresco a si filmografía, Mira
Sorvino interpreta genialmente, Oscar incluido, a una tierna prostituta a la
que Allen encuentra en busca de respuestas sobre su pequeño adoptado de
carácter superdotado. "Poderosa afrodita", una comedia con reminiscencias del teatro griego, al que
hace continuas alusiones.
Con “Todos dicen I love you” (1996) comedia romántica al uso
de Woody Allen, el director comienza su idilio con París, entre otra ciudades
(ciudad que en un futuro será el centro de muchas de sus historias, en cierto
modo como agradecimiento a la fidelidad del público europeo, siempre fiel a su
peculiar forma de ver la comedia y el cine).
Su siguiente película, “Desmontando a Harry” (1997), es una
vuelta a sus orígenes, una especie de hilarante sesión de psicoanálisis en la
que retoma todas sus manías y obsesiones en torno a todos lo problemas que le
obsesionan: el sexo, la discriminación judía, el psicoanálisis, la vida en
pareja, la inseguridad…
“Celebrity” (1998) ironiza fríamente sobre el mundo de la la
fama y todo lo que ello conlleva, rodeado de un reparto relativamente joven
repasa la formula del éxito dentro de un universo lleno de lujo y esnobismo en
donde lo más fácil es dejarse llevar por un ritmo de vida por encima de la
posibilidades de uno propio, dejando a un lado el esfuerzo el trabajo tan
necesario para llevar a cabo tal tren de vida.
Por último cierra la década con “Acordes y desacuerdos”,
falso biopic sobre un músico , genialmente interpretado por Sean Penn, en un
claro homenaje a otra de las pasiones del genial director: el jazz.
domingo, 4 de marzo de 2012
Woody Allen: los ochenta
En el anterior post dejábamos a Woody Allen cerrando los setenta de manera brillante, con un retrato sublime de su querida ciudad Nueva York en una película que con el tiempo no solo se convertiría en una de sus mejores películas sino en un referente de la historia del cine.
Pues bien, Allen abre nueva década con una de sus películas más olvidables, rompiendo un poco con sus estilo Allen muestra su lado más intimista con “Recuerdos” (1980), una especie de búsqueda espiritual al través de una retrospectiva del protagonista (sospechosamente autobiográfica) al más puro estilo “8 ½” (1963) de su idolatrado Fellini.
La siguiente película es una libre adaptación de Shakespeare, en ella el genial director da rienda suelta a todas sus filias y fobias consiguiendo una lograda y particular versión del clásico de la literatura inglesa y universal “El sueño de una noche de verano” (en este caso “Comedia sexual de una noche de verano” [1982]) y posteriormente logra otro éxito con “Zelig” (1983), un falso documental en tono comedia sobre una especie de hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana en su adorada época del jazz. Definitivamente Woody Allen parecía haberse recuperado de su patinazo intimista de “Recuerdos”.
“Broadway Danny Rose” (1984) supone la consolidación de la buena racha comenzada con su especial adaptación del dramaturgo inglés. Dos nominaciones a los Oscar (por mejor director y mejor película así lo atestiguan) con esta desternillante historia de anécdotas ambientadas en el mundo del boudeville. Mundo del cine y la comedia que también sería la protagonista de su siguiente película “La rosa púrpura del Cairo” (1985), una original historia sobre un fantasioso personaje que conoce a su estrella cinematográfica de la manera más insospechada.
Llega 1986 y con el otrro de los títulos esenciales en la filmografía del director neoyorkino. “Hannah y sus hermanas” se convierte de inmediato en una de las piezas esenciales dentro de la especial forma de ver la comedia de Woody Allen. Una historia sobre la relación entre tres hermanas que le depara uno de lo mayores éxitos con 7 nominaciones a los Oscar (de los que se alza con 3) en un Hollywood que no olvidemos que nunca acabó de entender y apreciar el cine del genial director.
Allen celebra el rotundo éxito de “Hannah y sus hermanas” con dos nuevas películas en 1987 (año especialmente prolífico) con la oscura e intimista “Septiembre”, lejos de sus típicas comedias y sobre todo con “Días de radio”, historia ambientada en los años cuarenta que pretende ser un homenaje a la radio, que con el paso del tiempo ha ido perdiendo importancia con respecto a la televisión, hasta quedar relegada a un peligroso segundo plano. Aquí en España también es recordada por su comienzo, todo un guiño a “Historias de la radio” (1955) de Saenz de Heredia, que como el propio Allen reconoció le había servido de inspiración.
El siguiente año estrena otra film intimista en torno a otro de sus temas recurrente (aunque siempre en tono de comedia) como es el psicoanálisis con “Otra mujer”, historia de una profesora de filosofía que pide la excedencia a fin de escribir un libro y que acaba por analizar toda su vida a través de sus vivencias. Otro film que pese a los esfuerzos del director por apartarse de la comedia parece pasar bastante desapercibida.
La década se cierra de manera brillante con un estelar proyecto sobre Nueva York, junto a Scorsese y Coppola, narrado a través de tres historias independientes (una para cada director), ambientadas todas ellas en la gran manzana y sobre todo por “Delitos y faltas”, típica historia de problemas conyugales, que tan bien sabe trazar Woody Allen.
Los ochenta fueron también una puesta en contacto con el cine más intelectual, más allá de sus intimistas aportaciones, que caracterizaron a esta época. Woody Allen es objeto de un breve documental de Godard: “Meeting Woody Allen” (1986), casi media hora en donde los dos directores disertan en torno al cine y so particular forma de verlo y en donde a buen seguro que también aprovecharon para sellar un colaboración mutua que se produciría al año siguiente en una especial versión del rey Lear de Godard en donde aparece breve y curiosamente Woody Allen.
martes, 3 de enero de 2012
Woody Allen (sus comienzos)
Hablar de Woody Allen es hablar de uno de los cineastas más prolíficos de Hollywood (prácticamente sale a película por año, y sus ya setenta y seis años no muestra el más mínimo indicio de decaer en ese frenesí fílmico). El cine de Woody Allen puede definirse como cine de autor, comedias hechas con un estilo muy propio y reconocible que o bien denigras o adoras, impregnadas de todas sus fobias o manías (obsesión por el sexo, hipocondría, búsqueda de la estabilidad mental o sátira sobre su tan profesado origen judío)todas ellas con su adorada Nueva York natal de fondo (aunque últimamente viene extendiendo sus redes por Europa [al fin y al cabo su mayor consumidor de películas] en ciudades bellamente retratadas como Londres, París o Roma).
Woody Allen nace en 1935 en el neoyorquino barrio de Brooklyn en el seno de una familia judía bien acomodada de ascendencia austrohúngara. Desde pequeño ya mostró ser un niño poco sociable e introvertido, que pasaba la mayor parte de su tiempo visionando películas, leyendo comics o tocando el violín (pasión musical que aun conserva hoy en día [si bien con el clarinete], puesto que tiene su propia banda de jazz).
El gran éxito cosechado como humorista hace que se decida a dar un paso más en su pasión y pasa a engrosar la lista de alumnos de la Universidad neoyorquina en la que estudiaba entre otras cosas Producción cinematográfica. Toda esta experiencia como humoristas, tanto en vivo como en columnas de distintos medios de comunicación sumado a su gran pasión y conocimiento del mundo del cine provocan el cambio lógico que se da a mitad de los sesenta: su debut en el mundo de cine, no solo como guionista, sino también como actor. Se trata de la obra de Clive Donner “¿Qué tal pussycat?” (1966). Su debut tras la cámara no se hace esperar mucho y tan solo un año después dirige (interpreta y guioniza) la que será oficialmente su primera película “Lily la tigresa” (1967). Cierra la década participando en la más extravagante versión de James Bond hasta el momento (de la que también se ocupa del guión) “Casino Royale” (1967) de John Huston y dirigiendo una especia de “autobiografía” desternillante en “Toma el dinero y corre” (1969).
Los setenta le sirven para confirmarse definitivamente como cineasta y aportan a su filmografía dos títulos fundamentales. Como guionista y actor únicamente aparece en la inolvidable “Sueños de un seductor” (1972) de Hebert Ross, conjugando a la perfección dos de las obsesiones del joven artista, la sexualidad y el cine. Y a mediados de la época se le ve aparecer en la sátira de la caza de brujas de Hollywood “La tapadera” (1976) de Martin Ritt.
Tras la cámara empieza la década con otra sátira, esta vez a los regimenes totalitarios con “Bananas” (1971) a la que sigue su primera película mediática, en la que a través de tres cortos analiza de manera delirante sus fobias en inquietudes sobre el sexo en “Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar” (1972).
Su siguiente película, de tono futurista, tiene de particularidad que es la primera de las muchas colaboraciones con su buena amiga Diane Keaton, se trata de “El dormilón” (1973), su peculiar visión, a modo de Fritz Lang en “Metrópolis” (1927), del futuro de nuestra sociedad. Dos años después repite con Diane en “La última noche de Boris Grushenko” (1975), parodiando las guerras napoleónicas y granjeándose el éxito en toda Europa.
Sus últimas películas de los setenta (con la salvedad de la hermética “Interiores” [1978]) lo catapultan definitivamente como uno de los mejores cineastas de su época. Se trata de dos de sus más logradas películas: “Annie Hall” (1977), una reflexión sobre la vida y las relaciones que le lleva a conquistar cuatro Oscar (mejor película, director y guión original a parte del de mejor actriz para Diane Keaton) un rotundo éxito, y por desgracia excepción, para una crítica y público, el norteamericano, que nunca congenió demasiado con el tipo de cine y personalidad de Woody Allen (que precisamente no acudió a la gala porque coincidía con uno de sus amados conciertos de clarinete).
El otro éxito una de los mejores, sino el mejor, retrato hecho a la ciudad en donde estadísticas en mano, más películas se ruedan. Un homenaje en blanco y negro de una ciudad que Allen, como un neoyorquino más, adora. Una poesía visual y un icono, no solo del cine actual, como lo fue y lo es “Manhattan” (1979), merecedora únicamente por parte de Hollywood de dos nominaciones al Oscar, pero una de las piezas claves para entender la impresionante filmografía de Woody Allen.
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