Es febrero y otro año más la gala por antonomasia del cine mundial nos lega una edición más, la 87ª, de los Oscar. La gran triunfadora de la noche fue la cinta de Gonzalez Iñarritu "Birdman" que se alzó con cuatro premios, dos de ellos amejor película y director respectivamente. Así quedó la lista definitiva de premios a la mejor película en la gala de los oscar 2015.
"Birdman" de Alejandro González Iñarritu - Partía como una de las favoritas en esta gala y la verdad no defraudó. Se alzó con cuatro de las nueve nominaciones. Enmarcada dentro de un gran reparto la cinta de Iñarritu es un reflejo satírico de la sociedad actual.
"Boyhood" de Richard Linklater - Cinta que bebe en fuentes del a serie B. Precioso experimento a cargo de Linklater. Que filma la infancia de su joven protagonista en tiempo real, es decir, tras doce años de rodaje. Sin duda la grata sorpresa de este año.
"El gran hotel Budapest" de Wes Anderson - Nueve nominaciones la colocaban en la terna de grandes favoritas en la gala. sin embargo y pesea llevarse cuatro galardones, todos ello menores. Esta perfecta recreación de los glamurosos años 20 no pudo evitar salir por la puerta de atrás de la gala.
"El francotirador" de Clint Eastwood - Hablar de Clint Eastwood es hablar de cine en palabras mayores, sin embargo el veterano y prolífico director solo se puedo alzar con uan estatuilla a los mejores efecto especiales, por este biopic ambientado en la guerra de Irak.
"Descifrando enigma" de Morten Tyldum - Producción británica ambientada en la II guerra mundial en torno a todos esos héroes anónimos que dedicaron parte de su vida a descifrar enigma, la infalible máquina con la que el ejercito nazi encriptaba sus mensajes. El Oscar a mejor guión adaptado muestra la buena labor de equipo en esta adaptación histórica.
"La teoría del todo" de James Marsh - La otra gran favorita en la gala de este año, que sin embargo tuvo que conformarse con ver al joven Eddie Redmayne alzándose con la estatuílla a mejor actor principal por su soberbia interpretación de los años de juventud del astrofísico Stephen Hawking.
"Whiplast" de Damien Chazelle - Llegó a la gala sin hacer mucho ruido y se marchó con tres estatuillas, incuída la de mejor actor de reparto. todo un éxito para una cinta ambientada en el mundo de jazz.
"Selma" de Ava DuVernay - Biopic sobre el famoso activista Martin Luther King Jr, que en los años sesenta se convirtió en todo un símbolo por la lucha de los derechos civiles de la población negra.
Susan Hayward pasa por ser otra de las grandes actrices
secundarias de los años dorados de Hollywood. Un nombre quizá no al alcance de
las más grandes y reconocidas, pero con un currículo sin duda envidiable para
muchas.
Como otras muchas Susan Hayward, o Edythe Marrenner (su
verdadero nombre) comienza su carrera como modelo en el frenético Nueva York de
entreguerras. Su gran belleza con ascendencia sueca, por parte de abuelos
maternos y su bien hacer delante la cámara le llevan pronto a rondar por Hollywood
y tras una breve incursión en filmes menores su nombre suena ni más ni menos
que para interpretar a la gran Scarlett O´Hara de “Lo que el viento se llevó”,
papel que finalmente encumbraría la carrera de Vivien Leigh.
Su primer gran papel vino al lado de Gary Cooper en “Beau Geste” (1939) y tras ella comienzan las dos décadas que marcaría la carrera de
Susan Hayward en el mundo del cine.
Su papel más destacado en esta época y por el que recibe su
primera nominación a los Oscar es el de una cantante alcohólica en el drama de
Stuart Heisler “Una mujer destruida”, un galardón que al final se lleva Loretta
Young por su interpretación en “Un destino de mujer”.
Durante esta década, su etapa sin duda más prolífica, se
asocia la imagen de Susan Hayward con dos películas una de ellas la
imperecedera “Las nieves del Kilimanjaro” junto a Gregory Peck y otra más por
motivos personales que por la calidad de la cinta al participar en el elenco de
“El conquistador de Mongolia”, rodaje que al igual que muchos de sus compañeros
y demás participantes en la misma le cobraría factura al rodarse cerca de un
campo de pruebas de armas nucleares de los EEUU ya que la radiactividad a la
que fueron expuestos en esa época se cobraría la salud y la vida de muchos de
los participantes en aquel rodaje maldito, entre las que posteriormente se
incluiría Hayward, que fallecería de un fulminante cáncer años después.
Pero sin embargo el título a destacar en esta época es el de
la obra de Robert Wise “¡Quiero vivir!” por la que Susan Hayward se alza con la
estatuilla a la mejor interpretación femenina al interpretar ala perfección a una atormentada mujer en un
gran alegato en contra de la pena de muerte.
Más allá de este período la carrera de Susan Hayward continúa cada vez
más espaciada hasta su ya citada muerte en la década de los setenta, destacando
algún título que otros como “Mujeres en Venecia” o “Los vengadores”.
Uno de los grandes directores de toda la historia del cine,
el gran impulsor del cine negro, miembro de una gran estirpe dedicada al mundo
del séptimo arte. La filmografía de John Huston no podía pasarse por alto en
este humilde blog. Si bien los comienzos de John Huston estuvieron más unidos a
la interpretación que a otra cosa, como hijo de Walter Huston se puede decir
que de casta le viene al galgo, sin embargo tras unos comienzos como extra o
papeles secundarios, John Huston se interesó más por los guiones y la
dirección.
Su primera película no pude tener más éxito. Todo un
referente con el cine negro, de hecho muchos críticos la consideran ni más ni
menos que la precursora del género. Con “El halcón maltés”, Huston firmaba no
solo una película redonda, sino que se postulaba como uno de los directores
noveles a tener en cuenta en el mundillo de Hollywood.
Tras el paso de la segunda guerra mundial, en la que se
dedicó como otros muchos de sus congéneres a publicitar el papel estadounidense
en la contienda, llega otra de sus grandes obras. Con “El tesoro de Sierra Madre” no solo se reencuentra con Bogart su actor fetiche, y dirige a su propio
padre (al que le otorgan el Oscar por su excelente actuación), sino que
refrenda su ya consolidado éxito con un Oscar a mejor director y a mejor guión
adaptado, siendo estos los únicos conqueridos a lo largo de su carrera tras
acumular luego un gran número de nominaciones.
Tras el éxito en esta cinta de aventuras, Huston vuelve al
cine negro de nuevo junto a Bogart en “Cayo largo” (1948) y en “La jungla de asfalto” (1950), esta vez con Sterling Hayden con papel protagonista. No cabe
duda que las dos se convierten en títulos importantes dentro del género.
En 1951 llega quizá su título más celebrado, una excelente
puesta en escena gracias a una pareja mítica, Bogart/Kate Hepburn, que no dejan
soberbias interpretaciones (de hecho Bogart de alza con la estatuilla). “La reina de África” no se trata solo de un título que será recordado por ser una
obra clave del cine en general y de Huston en particular, sino por la
dificultad y dureza de un rodaje lleno de anécdotas como bien recoge parte de
ellas otro grande como Clint Eastwood en “Cazador blanco, corazón negro” (1990).
Su siguiente gran título es una película para muchos
fetiche. “Vidas rebeldes” (1961) no fue solo una gran película sino fue la
última para su reconocido trío de protagonistas: Clark Gable (fallecería poco
después de un infarto), Marilyn Monroe (fue su último rodaje completo hasta su
sonado suicidio) y Montgomery Clift (su último papel de relevancia en el mundo
del cine).
Tras obras menores entre las que se incluye “Casino royale” (1967), alocado proyecto por el que pasaron varios directores y que finamente
resulta ser el embrión de la famosa saga de James Bond. Su siguiente gran éxito
no le llegaría hasta su madurez. En 1975 dirige una película sin muchas
pretensiones que el tiempo colocará como una de las mejores cintas de aventuras
nunca hechas. El acierto tiene por título “El hombre que pudo reinar”.
Ya en la década de los ochenta, y ya en su última etapa, sigue firmando
grandes títulos como el clásico bélico “Evasión o victoria” (1981). Cierra su
etapa dándose dos lujos: dirigir a su hija Anjelica en lo que el tiempo
convertirá en otro clásico del cine de gángsteres, “El honor de los Prizzi” (1985), película por la que acumuló nominaciones al Oscar, finalmente no
confirmadas con el premio, y finaliza su filmografía ya mayor y cansado con 81
años en 1987, el mismo de su muerte, con un regreso a sus raíces irlandesas con
al adaptación de Joyce “Dublineses”.
Proveniente del mundo del vodevil y al igual otras muchas
estrellas Judy Garland irrumpe con una fuerza inaudita en un Hollywood plagado
de estrellas y pronto se convierte en todo un fenómeno. Estrella infantil,
cantante, esposa entre otros de reputados directores como Vicente Minnelli y
hasta madre de una estrella como Liza Minnelli, la vida de Judy Garland lo tenía
todo para colmarla de éxito y felicidad, sin embargo si vida se rompe
prematuramente sin ni siquiera cumplir los cincuenta, fruto de una de sus
múltiples depresiones, quizáa raíz de
una difícil adolescencia, en la que fue sometida a todo tipo de presiones para
seguir en la creta de la ola, atrás quedaban varios matrimonios, coqueteos con
el alcohol y la drogas… pero también una excelente carrera que conviene
recordar.
Como se mencionó la carrera de Judy Garland (entonces
todavía Frances Ethel Gumm) procede del mundo de vodevil en donde triunfaba
junto a sus hermanas formando en grupo de la hermanas Gumm. Así irrumpe en
Hollywood y después de varias intentonas con papeles menores y secundarios y a
la temprana edad de dieciséis años le llega la oportunidad de interpretar a
Dorothy en uno de los mayores éxitos de la historia del cine. Con “El mago de Oz” de Victor Fleming, Garland entra por la puerta grande en el universo de
Hollywood, a la vez que recibía un Oscar especial por su irrupción la MGM se
hacía con sus servicios con un contrato de quince años.
Su siguiente gran aportación es “Cita en San Luis” en 1944
dirigida por Vicente Minnelli, que a la postre se convertiría en el segundo y
más reconocido de sus cinco matrimonios. Sin duda todo un clásico del género
musical. Y repetiría experiencia, junto a su ya esposo, un años más tarde con
“El reloj” (1945) o “El pirata” (1948).
Mucho más madura y ya liberada del contrato de la MGM dedica
su talento al mundo del teatro y la televisión, espaciando más sus apariciones
en la gran pantalla. Tras un parón reaparece por la puerta grande con otro de
sus grandes títulos “Ha nacido una estrella” (1954), una película que guarda
cierta similitud con la carrera de Judy Garland y que la pone de nuevo en la
cresta de la ola.
Sin embargo sus aportaciones al séptimo arte son cada vez
menores y su vida cada vez más caótica. Antes de su trágico y prematuro final
en 1969 por un gran ingesta de barbitúricos todavía tiene la oportunidad ee
formar parte del gran elenco de “¿Vencedores o vencidos?. El juicio de Nuremberg” (1961), sin duda la última gran aparición de una estrella a la que
su vida privada fue apagando poco a poco privando a Judy Garland de lo que a
priori hubiese sido una longeva y exitosa carrera.
A muchos puede que el nombre del director que nos ocupamos
ahora no le diga demasiado, no es de extrañar pues nos encontramos quizás con
uno de los directores más infravalorados del cine. Si queréis salir de dudas
adentraos en el post o observareis una filmografía plagada de éxitos,
reconocibles para la gran mayoría del público.
Al igual que otros muchos directores de la época su carrera
comienza ligada a la serie B. Es la época de la postguerra, en un Norteamérica
deprimida que busca nuevos valores en los que afianzarse y seguir adelante. En
definitiva es la época del western.
Sturges sabedor de ello pronto de embarca en el género
genuinamente norteamericano. A esta primera etapa pertenecen películas como
“Mares de arena” (1949) y “Fort Bravo” (1953)
Sin embargo su primer gran éxito comercial, por el que logra
su única nominación a los Oscar, viene de mano de un gran Spencer Tracy con una
gran cinta de intriga de título más que recordable: “Conspiración de silencio”.
Tras ello y pese a repetir con Tracy en una buena versión
del clásico de Hemingway“El viejo y el mar” vuelve a rodar western y ahí en
donde entra en sus mejores años. Un éxito tras otro se suceden en la cartelera.
Títulos tan reconocibles y apreciados como “Duelo de titanes” (1957) o “Elúltimo tren a Gun Hill” (1958) añaden brillo a la filmografía de Sturges.
Quizá el cúlmen en cuanto a western se refiere lo logra ya
entrada la década de los sesenta con la célebre adaptación de “Los siete samurais” de Kurosawa al oeste americano que recibe por título “Los siete magníficos”. Todo un clásico no solo del género sino del cine en general.
Una carrera pues llena de éxitos y título más que
reconocible que hacen de John Sturges no solo merecedor de un sitio en este
humilde blog, sino de todo un reconocimiento cara a su figura.
Después de un tiempo de descanso retomamos las filmografías
del blog por la puerta grande gracias a la figura de un personaje clave en la
historia del cine. Con Billy Wilder no rescatamos simplemente al denominado por
muchos rey de la comedia, sino a uno de los más grandes directores y guionistas
que ha dado la historia del cine.
Su exitosa historia comienza allá por en un pequeño pueblo
de la actual Austria (de aquellas perteneciente al desaparecido imperio
austrohúngaro). Una bucólica aldea del interior de Europa que finalmente pasará
a la posteridad por ser la cuna de Billy Wilder.
Sus primeros años los pasa como cualquier niño de aquella
época no es hasta su adolescencia sufre un flechazo gracias del ya emergente
cine que hace replantearse su futuro profesional que ya tenía labrado como
periodista. De ahí pasa a la UFA ofreciendo su talento como guionista, ayudado
en su pasado periodístico. Lo que en un principio son ayudas puntuales pronto
se convierten en guiones más elaborados todo ello gracias a su gran talento y
perseverancia y lo que parecía se iba a convertir en una exitosa carrera en una
Alemania que era la vanguardia cinematográfica por excelencia (frente a un
Hollywood que aun estaba emergiendo) se ve truncada por la irrupción de Hitler
en el poder. Wilder judío como era se ve obligado a dejar todo de la noche a la
mañana y tras previo paso por Francia en donde ya lo vemos acreditado en su
primera obra con algo de calado (“Curvas peligrosas”) llega a los EEUU con lo
puesto corre el año 1934.
Lejos de amilanarse con un idioma que le era extraño y una
modo de vida al que no estaba acostumbrado Wilder no tarda en ofrecer sus
servicios como guionista a las mayors, y pese al inconveniente del
idioma consigue llevar a cabo algún proyecto. Un momento clave en estos años es
su encuentro con su compatriota e idolatrado Ernst Lubitsch, ya afincado en
Hollywood años atrás y muy bien considerado por la industria en aquel entonces.
El apoyo de Lubitsch es crucial en la carrera de Wilder, con el cual forma un
creativo binomio culminado con el guión de “Ninotchka”, una de las grandes
obras de Lubitsch.
El éxito cosechado opio aquel entonces y sus ansias por
dirigir sus propios guiones lleva a Wilder detrás de las cámaras por primera
vez con “El mayor y la menor” comedia romántica con Ray Milland y Ginger Rogers
como protagonistas y que supone su bautizo de fuego en Hollywood. La cinta
resulta y le abre las puertas de la meca del cine, inercia que aprovecha para
rodar “Cinco tumbas al Cairo” que viene a ratificar su buen hacer tras las
cámaras
Llega 1944 y con ello el estreno de “Perdición”, toda una
auténtica obra maestras y toda un precursora del cine negro con elementos como
la femme fatale (Barbara Stanwyck), el ambiente sórdido y lúgubre, la tenue iluminación…
toda una serie de patrones qu luego sería copiados hasta la saciedad. La figura
de Billy Wilder acababa de nacer.
Tras este abrumador y pese al lunar de la gala de los Oscar
en donde no se alza con ninguna estatuilla llega otro gran éxito. Wilder se
reencuentra de nuevo con Milland para trazar uno de los mejores retratos que
hasta la fecha ha hecho el cine sobre el alcoholismo, “Días sin huella” se
convierte pronto en un clásico y esta vez si que barre en los Oscar, mejor
guión adaptado, mejor dirección y película y mejor actor).
Tras estas dos obras maestras Wilder se reencuentra con cu
pasado con “Berlín occidente”, narrando la postguerra de un conflicto que
marcaría para siempre la historia de la humanidad y se embarca en una comedia
menor un tanto olvidable de título “El vals del emperador”.
Lejos de amilanarse Wilder comienza la década de los
cincuenta con otra obra que se escribe con letras de oro en la historia del
cine. “El crepúsculo de los dioses” supone otro hito dentro del cine negro y le
reporta un nuevo Oscar, esta vez como guionista.
El batacazo llega después con “El gran carnaval” una obra
que parecía tener todo para triunfar, con un buen guión y un excelente reparto,
pero a la que sin embargo ni crítica ni publico responden, pese a tratarse del
nuevo proyecto de un Wilder ya con fama de excelente director. Wilder tarda
poco o nada en pasar página con un homenaje a su pasado judío y las vivencias
familiares, muchos de llenos recluidos e incluso muertos en campos de
concentración con “Traidor en el infierno”, ambienta precisamente en uno de
esos campos de concentración para militares.
La última etapa de los años cincuenta en la que le trae la
fama de gran genio de la comedia, pues en ella enlaza un éxito tras otro. Todas
ellas comedias ágiles, coguionizadas con su inseparable A. L. Diamond y todas
elles dotadas de un reparto excelente. Hablamos de obras tan importantes como
“Sabrina” o “Ariane” con Audrey Hepburn como su musa junto a galanes
consagrados como Gary Cooper o Humphrey Bogart o “La tentación vive arriba” y
la eterna “Con faldas y a lo loco” con Marilyn Monroe como protagonista
femenina casi nada.
Entremedias tiene tiempo de rodar un más que correcto biopic
sobre el héroe Norteamérica Lindberg en “El héroe solitario” excepcionalmente
interpretado por otro grande como Jimmy Stewart y para un incursión en el
thriller judicial con uno de los grandes título del género. Con “Testigo de cargo”Wilder se doctora no solo como un genio de la comedia, sino como un
polifacético y camaleónico guionista y director y su carrera ya empezaba a
estar al alcance de muy pocos.
El igual que en la década pasada lo sesenta también
comienzan con buen tino para Wilder y como ya empiezaser habitual deja sus sello con otra obra
maestra. “El apartamento” no solo se convierte en todo un referente del género,
sino que le granjea otra noche espectacular en la gala de los Oscar con cinco
galardones.
Sus últimos años como director los aprovecha para reunirse
con viejos amigos y llevar a cabo una serie de obras menores y más personales
que finalizan en 1981 con “Aquí un amigo”
Desde esa fecha y hasta su muerte, justo veinte años
después, Wilder tiene tiempo de rememorar su vida con documentales e impartir
cátedra como uno de los grandes. Con el queda atrás no solo la época más
gloriosa del cine y su colaboración con los más grandes actores y actrices de
la meca del cine. Sino un puñado de excelente películas y la friolera de cinco Oscars repartidos entre guionista y director.