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miércoles, 7 de agosto de 2013

Tony Curtis



En 2010 fallecía uno de los grandes rostros de la comedia y todo un patriarca de artistas. Con Tony Curtis no solo se marchitaba una cara bonita de Hollywood, sino uno de los mayores galanes de comedia que ha conocido el cine.

Hijo de emigrantes húngaros nace en el barrio neoyorquino de Bronx en 1925, su apolínea figura y su agradecido rostro pronto le abren las puertas del cine y así en 1949 ya se lo ve formar parte del elenco de “Dirección prohibida”, lo que es considerado su debut cinematográfico.

No es sin embargo hasta “El gran Houdini” (1953) cuando su figura alcanza notoriedad en Hollywood. Tras haber estrenado papel principal en otras cintas anteriores como “El hijo de Alí Babá”, es con la figura del mítico mago con la que finalmente se lanza al estrellato.


Tras una serie de filmes bélicos y de aventuras otro título del mundo del mundo del espectáculo acude a Tony Curtis para seguir dando relumbrón a su carrera. En “Trapecio” se muestra la competitividad oculta dentro del mundo del circo a través de un excelente trío de actores, en donde al margen del propio Tony también brilla la belleza de Lollobrigida y las dotes para las acrobacias de Burt Lancaster.


Mientras tanto Tony Curtis sigue rodando comedias románticas en donde tan bien se desenvuelve a la que vez en cuanto añade otros géneros dando muestras de su versatilidad mucho más allá de comediante, por lo que sin duda es recordado. Uno de estos títulos es una gran cinta de aventuras que rueda junto a su amigo Kirk Douglas que narra las aventuras del mítico pueblo escandinavo en “Los vikingos” (1957).


Su espaldarazo definitivo viene en 1959 con una de las mejores comedias de la historia. Gracias a “Con faldas y a lo loco”, que es sin lugar a duda el colofón dentro del género cómico, Tony Curtis es recordado por todos con cariño, interpretando a ese tímido y ficticio millonario que bebe los vientos por una espectacular Marilyn Monroe.


El éxito de las dos cintas anteriores lo llevan a engordar el elenco de cintas similares en la década venidera con diversa suerte, así gracias a “Los vikingos” rueda “Espartaco”, de nuevo junto a Kirk Douglas y bajo las órdenes de un genio como Kubrick en lo que todavía hoy en día es una de las mejores obras de la historia.


Y su aparición en “Con faldas a lo loco” lo reúne junto a una espléndida Audrey Hepburn en “Encuentro en París” (1964), sin que el resultado sea ni mucho menos igual que la genial comedia de Wilder.


La esplendorosa década de los sesenta, sin duda la mejor de su carrera se cierra con dos títulos antagónicos entre sí. Una hilarante comedia a cargo de Blake Edwards como lo fue “La carrera del siglo” (1965) y una sombría y aterradoramente realista interpretación del frío estrangulador de Boston (1968).


Sus últimos años dedicados al cine dejan una buena retahíla de títulos de los que a penas un par de ellos son rescatables participaciones en cintas corales como “El último magnate” (1976) o la adaptación del clásico de Agatha Christie “El espejo roto” (1980).

 


viernes, 28 de junio de 2013

George C. Scott



Para muchos la figura de George C. Scott no dice mucho, pero repasando su obra, primeramente como secundario de lujo y posteriormente ya como actor principal, lo vemos aparecer en títulos clave de la historia del cine.

Actor de gran carácter, no olvidemos que fue el primero en rechazar abiertamente un Oscar, iba para militar, de hecho ejerció como marine recién acabada la segunda guerra mundial a lo largo de cuatro años. Sin embargo la única influencia de este hecho en su vida fue el alcoholismo desarrollado en esos liberales años, alcoholismo que durante ciclos más o menos duraderos estuvo patente a loo largo de su convulsa vida privada, llena de excesos y desengaños amorosos, estando casado un total de cinco veces, amén de continuos flirteos con compañeras de trabajo.

El caso es que Scott se acercó al mundo del cine siendo todavía marine, el gusanillo de la interpretación caló hondo en el joven, que dejó su trabajo para estudiar interpretación en Nueva York. El trabajo pronto dio sus frutos y así en 1959 lo podemos ver debutar en “El árbol del ahorcado”. Su primera obra de gran calado, sin embargo su primera gran interpretación fue la de impasible fiscal en el imperecedero thriller judicial de Preminger “Anatomia de un asesinato” fechada en ese mismo año.


Los posteriores años viene marcados por dos nuevos éxitos en su carrera. Por “El buscavidas” (1961), película que encumbra definitivamente a Paul Newman, recibe una nominación a mejor actor de reparto que el mismo rechaza y tres años más tarde tiene la oportunidad de trabajar con un maestro como Kubrick en "¿Telefono rojo? Volamos hacia Moscú", sátira sobra la guerra fría, que según el propio Scott es lo mejor que le tocó rodar a lo largo de su brillante carrera, incluso hasta el punto de cuestionarse sus honorarios de actor, puesto que hasta le resulta incómodo cobrar por algo que le resultaba tan divertido.


Y así se acerca 1970, el cúlmen en la carrera de George C. Scott y es que ese año rueda el biopic sobre el extravagante general norteamericano de la segunda guerra mundial George Patton. Un comprometido papel para un actor comprometido y con pasado militar dando como resultado un gran éxito de crítica, la academia le otorga el Oscar a mejor interpretación de ese año, que Scott por supuesto no va a recoger, y de público, siendo hoy en día todavía una de las cintas bélicas más apreciadas de todos los tiempo. Tal es el cariño y la simbiosis de Scott con Patton, que incluso muchos años después reinterpretaría este papel en un telefilme sobre los últimos años del general.


Tras Patton su participación el la gran pantalla fue menguando de la misma forma que se acrecentaban sus apariciones tanto en televisión como en teatro. Aún así a lo largo de estas tres últimas décadas lo podemos ver en papeles o proyectos destacados como el clásico de terror “Al final de la escalera” (1980) o como un más que convincente Ebenezer Scrooch en una de las múltiples versiones del gran clásico de Dickens “Cuento de navidad” (1984).

miércoles, 24 de abril de 2013

Orson Welles



Con Orson Welles repasamos la vida y obra de uno de los “enfants terribles” de la historia de Hollywood, todo un polifacético genio del séptimo arte al que los grandes magnates cortaron las alas de su desbordante creatividad al no querer este someterse a sus convencionalismos.

Conocido por un puñado de grandes obras como director, fue también, productor, locutor, guionista, un afamado actor, que actuaba a fin de ganar dinero par poder rodar las historias que el anhelaba, y todo un amante y defensor de Shakespeare y de la literatura general.

Tras un deslumbrante paso por la radio como narrador de la famosa guerra de los mundos de H.G. Welles, hecho que no solo le reportó fama sino que incluso atemorizó a toda una nación que tenía por verídicas sus narraciones, un joven Orson Welles se presenta en Hollywood dirigiendo y protagonizando “Ciudadano Kane” (1941). Toda una obra maestra cargada de polémica. La considerada incluso hace unos años como la mejor película de la historia, no creo buen ambiente precisamente en Hollywood, pues era una velada crítica al magnate de las telecomunicaciones W. R. Hearst, el cual entró el cólera al verse reflejado y usó todos sus contactos, que no eran pocos, para acabar prematuramente con la carrera de aquel insolente joven, y casi lo logra de no ser por el desbordante talento de Welles.


Su siguiente obra llega justo tras la polémica suscitada por el revuelo de “Ciudadano Kane”. “El cuarto mandamiento” (1942) es una obra de época protagonizada por Joseph Cotten, coprotagonista de sus anterior obra y amigo personal de Welles, y que pese a sufrir mutilaciones de montaje por parte de las productoras se observa la meticulosidad y el buen trabajo del director.


“El extraño” (1946) resulta todo un buen ejemplo de thriller ambientado en la recientemente finalizada II guerra mundial y en ese histerismo colectivo en torno a todo lo que pudiera derivarse del denostado nazismo, imperante hasta casi nada como principal poder en el mundo civilizado.


Con “La dama de Shangai” (1947) llega otras de sus obras maestras, protagonizada por el mismo junto a una oxigenada Rita Hayworth, su esposa por aquel entonces. Todo un símbolo precursor del cine negro, con una antológica escena final en el cuarto de los espejos, que da una muestra de la maestría tras la cámara de Orson Welles.


Los años cuarenta se cierran también con su primera obra sobre Shakespeare. En 1948 se estrena “Macbeth” y tan solo cuatro años después le tocará el turno a “Otelo” (1952) para finalizar esta especial trilogía ya en 1965 con su obra cumbre “Campanadas a medianoche” , adaptando varias obras de Shakespeare con el fanfarrón de Falstaff (interpretado por el mismo) como hilo conductor.



Shakespeare a parte, Welles siguió contribuyendo al séptimo arte con todo tipo de géneros, incluso con el falso documental como en “Fraude” (1973) versado en un famoso falsificador, pero sus última etapa tras las cámaras sería recordada por tres grandes obras. “Sed de mal” (1952) es la primera de las mismas, una excelente muestra de cine negro a la altura de los grandes títulos de género.


"El proceso” (1962) a parte de ser una de sus obras más personales, es una estupenda recreación de la famosa obra de Kafka, filosofía pura y cine surrealista que pasó en su tiempo desapercibida y que hoy desde la distancia se aprecia como una de las obras menos valoradas y reconocidas del Welles.


Y para el tercer ejemplo hay que dar un gran salto en el tiempo. La falta de financiación y de tiempo conforma la paradoja de que esta obra, uno de los sueño de su vida se estrene siete años después de la muerte de Welles, ocurrida en 1985, y gracias al tesón del recientemente fallecido Jesús Franco, el cual recoge el legado de Welles para conformar la particular visión del norteamericano de nuestro patrio Quijote, todo un póstumo homenaje literario por parte de uno de los grandes artistas del séptimo arte.


En cuanto a su trabajo delante de la cámara al margen de sus apariciones en sus propias obras, es abundante y enfocado, como el mismo reconocía, a poder recaudar fondos para poder seguir rodando en una industria que le era hostil. Apareciendo el multitud de obras de distinto calado, desde adaptaciones de grandes clásico de la literatura como “Moby dick” (1956) o “La isla del tesoro” (1972) a formar parte de elenco que dio el pistoletazo de salida a todo un referente del cine actual como lo es James Bond en lo que fue la satírica primera versión de “Casino Royale” (1967)


Sin embargo su papel más recordado llegará de la manos de Carol Reed en la estupenda adaptación para el cine de la obra de Grahame Greene “El tercer hombre” (1949), en la que resultaba memorable su aparición como Harry Lime en la red de sumideros de una devastada y bella Viena de la postguerra.


Visto con el paso del tiempo el talento de Welles parece incuestionable, lo que si nos cuestionamos son las cotas que alcanzaría su genio de no ser por las continuas trabas y constantes detractores el contra de su persona dentro de la industria del cine.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Anthony Quinn


Ningún actor latino ha llegado tan alto en Hollywood como lo ha hecho Anthony Quinn. Nacido en Méjico, aunque con padre irlandés, aun siendo muy joven Anthony emigra a los EEUU huyendo de la pobreza. La familia lucha por un futuro mejor en suelo norteamericano y en sueño de un futuro mejor se va labrando a base de un gran esfuerzo, así durante la niñez y adolescencia de Anthony lo vemos trabajar de limpiabotas, mozo de recados, vendedor de periódicos, peón de obra e incluso gracias a sui potente físico como boxeador. Y así a base de esfuerzo y trabajo es como Anthony Quinn se va introduciendo en Hollywood, primero como retratista e imitador y más tarde ya cursando estudios, en donde dos mujeres tuvieron muchos que ver para forjar la leyenda del futuro Anthony Quinn, en primer lugar su primera esposa, muchos años mayor que el, la cual pulió su dicción y estilo y más tarde la consagrada actriz con fama de femme fatale Mae West, que apadrina al joven actor.

Sus primeros trabajos no van más allá del extra, pero su carisma y su característico físico pronto le reportan papeles secundarios. Tras un segundo matrimonio, con la hija del mítico director Cecil B. Demille, y el tragedia de la pérdida de un hijo en un desgraciado accidente, a Anthony Quinn le llega la hora de auparse de una vez por todas al estrellato. La década de los cincuenta apenas acababa de comenzar y tras haber participado en múltiples e importantes obras como secundario cada vez con más peso le toca participar en un cinta de Elia Kazan, acompañando ni más ni menos que a Marlon Brando, en un de los títulos míticos no solo de la filmografía de sus partícipes sino de cine en general, con ¡Viva Zapata! (1952), su carrera comienza despegarse, y todo gracias en gran medida a su primer Oscar, esta vez por mejor actor de reparto. 


El papel parece encasillarlo en un icono del western y la aventura y así su cara comienza a aparecer en cintas de piratas como “La isla de los corsarios” (1952) o en western como “Traición en Fort King” (1953), sin embargo el talento de Anthony no permite que se acomode y se embarca en un arriesgado proyecto de renacido cine europeo. Viaja a Roma para ponerse a las órdenes de Fellini, uno de los artífices del neorrealismo italiano. Como resultado surge “La strada” (1954) una verdadera obra maestra en donde Anthony luce como artista ambulante junto a una estupenda Giulietta Masina.


Su siguiente gran obra, por la que recibiría su segundo y definitivo Oscar a mejor actor de reparto, sería por su aparición en el biopic de Van Gogh ”El loco del pelo rojo” (1956) en donde acompañaría a un obsesionado Kirk Douglas, que interpretada al malogrado genio de la pintura, como compañero de vida y profesión dando vida al también genial pintor Gauguin.


Con un enorme éxito encima, Anthony Quinn dedica los años restantes de la década de los cincuenta a aparecer en una importante serie de western, que sin llegar a ser obras maestras del género muchos si están entre los más reconocidos y recordados para los amantes de este genuino género norteamericano, así Anthony Quinn engrosa su filmografía con títulos como “Un revolver solitario” (1956), “El hombre de las pistolas de oro”, “El pistolero de Cheyenne” o “El último tren a Gun Hill”, siendo estos tres últimos estrenados en 1959.


Los sesenta comenzaron con dos aportaciones en título emblemáticos para la historia del cine. El primero todo un clásico del cine bélico como “Los cañones de Navarone” (1961) y el segundo participando en el excelente elenco de una de las mayores superproducciones de la historia, aportando su granito de arena en la épica “Lawrence de Arabia” (1962).


Sin embargo su papel clave en esta década y por el que está de nievo nominado a los Oscar, esta vez com mejor actor principal en el de “Zorba el griego” (1964), en donde nos deleita, amén de un impecable interpretación, con uno de los bailes más famosos de la historia del cine de mano de la música de Theodorakis.


La década de los sesenta también le vale Anthony Quinn para internacionalizar su cine. Vuelve a Italia tras su experiencia con Fellini y haber sido Barrabás y participado el le épica Ulises para participar den diversos peeplum, además rueda en el Reino Unido y el Francia, sin embargo su obra más reconocida de esta etapa tiene lugar en su regreso a Hollywood con un thriller ambientado en los oscuros pasillos del Vaticano de nombre "Las sandalias del pescador".


Las últimas décadas de Quinn en el cine siguen por los mismos derroteros que toda su carrera, incansable trabajador, ampliando su filmografía a pasos extraordinariamente amplios para su ya creciente edad, rueda en diversos países, y gestiona perfectamente sus papales de secundario en grandes producciones (“Jesús de Nazareth” [1977]) con elegidos papeles como protagonista como en “Mahoma, mensajero de Dios” (1977), "Los hijos de Sánchez” (1978), en su regreso al western o una de sus obras más aclamadas de su última etapa en “El león del desierto” (1981).


Esta última etapa en su obra y vida sirve además para ver rodar a Anthony Quinn en su lengua natal, así participa por primera vez en una película española en “Valentina” (1981), primera de las partes de la trilogía que adapta al cine Cronica del Alba por parte de Ramón J. Sender. Siendo este el primero de cuatro trabajos a los largo de esta última etapa en España, que precisamente finalizará casi veinte años más tarde con su participación en al miniserie “El camino de Santiago”, última aparición en la gran pantalla y broche de oro para una carrera plagada de éxitos.


Pese a su edad, Anthony Quinn puede seguir jactándose de ir apareciendo en mayor o menor medida en importantes cintas de directores de éxito de los noventa, así se lo ve a las órdenes de Spike Lee en “Fiebresalvaje” (1991) o en apariciones en cintas relevantes como “El último granhéroe” (1993) a más gloria de Arnold Schwarzenegger o en el drama romántico que además supone el fugaz debut en Norteamérica de Aitana Sánchez Gijón “Un paseo por la nubes” (1995), una cinta de gran notoriedad en su época que quizá no ha sabido envejecer bien. Todo ello no da sino muestra de lo que supone la carrera de Anthony Quinn, labrada gracias a varias décadas de incesante trabajo de lo que se supone a día de hoy el actor más grande que ha dado hispanoamérica en la meca del cine.


domingo, 3 de marzo de 2013

Johnny Depp


Ya han pasado casi treinta años desde que un joven Johnny Depp sucumbía víctima de uno de los serial killer más famosos de la historia en la primera entrega de “Pesadilla en Elm Street” (1984), desde entonces la carrera de ese desgarbado jovencito no ha dejado de prosperar hasta convertirse en todo un referente de la industria cinematográfica mundial.


Sin duda 1990 es el año clave en la carrera del joven Johnny Depp. En ese año rueda “Eduardo manostijeras”, uno de sus personajes más recordados y la primera de las muchas colaboraciones con Tim Burton como comienzo de una de las simbiosis más impresionantes de la historia del cine y que a día de hoy a punto está de llegar a la decena de colaboraciones.


Esa gran forma de iniciar la década es aprovechada por el joven actor para rodar con reputados directores, así en lo venideros años se pone a la orden del experimental John Waters en “Cry baby”, Kusturica con “El sueño de Arizona”, Lasse Hallstrom y formando una excelente pareja protagonista con Leonardo Di Caprio en ¿A quién ama Gilbert Grape? o junto a Jim Jarmusch en “Dead man”. Todo un selecto ramillete de películas que no solo le sirven de tabla de aprendizaje, sino que alzan su nombre como uno de los actores más prometedores del panorama cinematográfico de aquel momento.


A finales de los noventa ya era un reconocido actor capaz de aparecer en cintas de culto como “Miedo y asco en la Vegas” (1998) de Terry Gilliam o “Donnie Brasco” (1997) junto a otras importantes películas como la adaptación a la gran pantalla de la obra de Reverte “La novena puerta” o el regreso junto a Lasse Hallstrom en “Chocolat”.


La nueva década le da la oportunidad de interpretar a personajes míticos como Peter Pan en “Descubriendo nunca jamás” (2004),  pero sobre todo el de Jack Sparrow, ese cómico e histriónico pirata protagonista de la conocida saga del Piratas del Caribe, que para 2015 espera ni más ni menos que su quinta entrega. Estos personajes le reportan dos de sus tres nominaciones al Oscar.


Sus últimos trabajos lo refirman como un gran John Dillinger en “Enemigos públicos” (2009), un ambiguo turista o aun pendiente de estreno el eterno acompañante de un fenómeno como “El llanero solitario” (2013). El caso es que a día de hoy la carrera de Johnny Depp se encuentra en su punto más álgido de fama gracias a haber sabido elegir una perfecta combinación de mediáticos papeles con otros más arriesgados y comprometidos.



Johnny Depp y Tim Burton: La fórmula del éxito

Como comentábamos atrás de binomio Depp-Burton han venido saliendo un montón de colaboraciones que fueron capaces de enriquecer la carrera de ambos y que incluso me atrevería a decir que dichas obras son inconcebible sin la suma de talentos del director y el actor.

La primera colaboración fue la comentada y exitosa “Eduardo manostijeras”, uno solitario y gótico personaje, algo común en la filmografía de Burton, con tijeras por manos. Para continuar con el biopic homenaje, al considerado peor director de la historia “Ed Wood” (1994), todo un creador de películas de serie B y serie Z, con muy pocos medios y muy poco cuidadoso con los detalles, pero que hoy en día, y mucho en parte a esta película, está considerado todo un director de culto.


Sus dos siguientes apariciones conjuntas fueron en sendas adaptaciones para la gran pantalla de dos novelas de Washington Irving y de Roald Dahl respectivamente. En la primera de ellas nos transporta a la América profunda de finales del siglo XVIII, a donde un afamado detective es enviado para investigar misteriosos asesinatos envueltos en el misterio y el miedo colectivo de la leyenda que se funde con la realidad en “Sleepy Hollow” (1999) y la segunda resulta un remake de todo un clásico, a parte de otra colaboración con la escritora cuentos infantiles Roald Dahl. En “Charlie y la fábrica de Chocolate” (2005) se nos transporta a un mundo de fantasía e ilusión. El sueño de todo niño. Incluso en este año su relación trasciende más allá al poner voz a uno de los personajes de “La novia cadáver”, películas que el propio Burton codirige junto a Mike Johnson.


Con un adaptación de un musical de Broadway como “SweeneyTodd. El barbero diabólico”. La pareja protagonista nos envolvía de nuevo en un elegante blanco y negro, que retrataba un lúgubre Londres, pare resolver una serie de crímenes de uno de los asesinos en serie más cantarines de la historia. La historia le concede a Johnny Depp la tercera oportunidad de alzarse con la estatuílla a mejor actor, algo que aun todavía está esperando.


Sus dos últimas colaboraciones hasta el momento tiene poco en común entre si. La primera es la particular adaptación de Burton del famoso relato de Lewis Carrol “Alicia en el país de la maravillas” (2010), en donde Johnny Depp da rienda suelta a su particular histrionismo con un colorista sombrerero loco. Y la más reciente hasta el momento resulta “Sombras tenebrosas” (2012), una historia de vampiros, brujas y maldiciones que dará con un gótico Johnny Depp en nuestros días.