jueves, 9 de agosto de 2012

Morgan Freeman


Morgan Freeman es a día de hoy el gran deudor, junto a Denzel Washington, de Sydney Poitier, uno de los mayores actores negros de la historia. Con una longeva y comprometida carrera, forjada a base de trabajo, que incluye varias nominaciones a los Oscar (de las que se llevó la de 2005 por “Million dollar baby”), es uno de los referentes más queridos y respetados, tanto por sus compañeros de profesión como por crítica y público.

Su carrera comenzó en los ochenta, cuando ya pasaba de los cuarenta años de edad. Si bien ya recibió una nominación al Oscar mejor secundario con “El reportero de la calle 42” (1987) no fue hasta que se convirtió en el chofer de Jessica Tandy en “Paseando a Miss Daisy” (1989) (con una nueva nominación) cuando alcanzó fama y reconocimiento.


Su fama en los noventa comenzó a expandirse gracias al éxito de dos películas históricas: “Tiempos de gloria" (1989), centrada en la participación de los negros en la guerra de secesión americana y “Robin hood: el príncipe de los ladrones” (1991), nueva revisión del mito británico esta vez con Kevin Costner bajo la piel del ladrón más encantador de la “ficción”.


En 1992 comienza su relación profesional y su gran amistad con uno de los grandes del cine. Con “Sin perdón”, Freeman inicia la primera de sus tres colaboraciones hasta la fecha con Clint Eastwood que alcanzarán su cenit con el Oscar a mejor actor secundario por Million dollar baby en 2004.


La gran fama por el éxito alcanzado con “Sin perdón” le dio pie a poder firmar sino sus mejores obras si las más recordadas con “Seven” (1995) formó una gran pareja con Brad Pitt en uno de los thrillers sobre asesinos en serie más recordados de los últimos tiempos y junto a Tim Robbins participó en una de las fugas carcelarias más memorables en “Cadena perpétua” (1994).


En los noventa Freeman también tiene la oportunidad de enrolarse en el barco de otro gran director con “Amistad”, pese a que la película no está entre las más recordadas de Spielberg, Freeman tiene un papel destacado en esta historia sobre la trata de esclavos.


Tras una serie de películas “menores” y de acción y ya con el inicio del nuevo siglo vemos al Freeman más independiente, enrolándose en arriesgados proyectos como “Persiguiendo a Betty” (2000) o iniciándose en el mundo de la comedia en el papel ni más ni menos que de Dios en “Como Dios” (2003) (papel que repetiría en 2007 con su secuela “Sigo como Dios”).


En estos últimos años es destacable su papel de Nelson Mandela en su tercera colaboración con Eastwood a fecha de hoy con “Invictus” (2010) y su aparición en la nueva trilogía de Batman de Christopher Nolan en papel de Lucius Fox, compañero del magnate Bruce Wayne en su vida como ejecutivo.


Como curiosidad cabe decir que se puso detrás de la cámara allá por los años noventa a fin de contar una interesante historia de revueltas centrada en el apartheid que respondía al nombre de “Bopha!”

A sus más de setenta años y tras el grave accidente automovilístico de hace unos años el presente de Morgan Freeman en el cine parece asegurado a tener en cuenta por la cantidad de proyectos con estreno inminente o pendientes de fecha de estreno en España. Con el repaso a su tardía, pero longeva carrera hacemos justicia a uno de los más carismáticos actores del panorama actual.

martes, 7 de agosto de 2012

Estafas y timos


Un subgénero interesante dentro del cine de intriga es el de los timos y estafas. A menudo enrevesados y novedosos guiones que realzan a timadores de poca monta para dar un ingenioso e importante golpe que los relanzará en su particular mundillo y los cubrirá de fama y sobre todo de dinero.

Ya en el cine clásico encontramos películas de renombre con argumentos centrados en esta temática como con las conocidas “Un ladrón en la alcoba” (1932), donde una pareja decide pasarse por miembros de la aristocracia a fin de poder incautar cuantos bienes pasen por sus plebeyas y hábiles manos, “Las tres noches de Eva” (1941) a lo largo de un lujoso crucero en donde jugar a las cartas se convierte en un hábito peligroso siempre que ronde al lado de Bárbara Stanwick, o “Dos seductores”, con Marlon Brando y David Niven desplumando a ricas herederas en la costa azul gracias a su buen planta y pícara personalidad.


Siguiendo con el cine clásico pero con un salto de unos cuantos años aparecen otros tres grandes clásicos. Por una parte una de las películas más afamadas dentro de este particular subgénero. Con una magnífica banda sonora a cargo de Scott Joplin, “El golpe” se convierte en uno de los grandes éxitos de la pareja Newman-Redford. Por otra “Luna de papel” (1973) famosa a día de hoy por que catapultó a su pequeña protagonista Tatum O´Neal  hacia el Oscar a la temprana edad de diez años (algo nunca superado a día de hoy). Y por último la despedida del genio del suspense del mundo del cine con “La trama” (1976), centrada en el mundo de la videncia.


Ya entrados en los ochenta y noventa vemos más ejemplos que reflejan la temática de distintos modos con “Casa de juegos” (1987) repasamos más el tema desde un prima de thriller oscuro y con “Los timadores” (1990), sin dejar de lado el efecto de la intriga juegan un poco más con el humor negro.


Ya más recientes son la exitosa trama argentina “9 reinas” (2000), donde más que el timo de la estampita era el timo del sello y que tuvo su remake americano con “Criminal” (2004) o “Los impostores” (2003) donde un maniático Nicolas Cage se debe enfrentar a la única persona capaz de hacerle sombra en el mundo de los timos: su hija.


Curiosas resultan nuestras dos siguientes historias, más que por ser otras ingeniosas historias de timos por estar basadas en hechos reales y es que ya sabemos que la realidad a menudo supera a la ficción. Este es el caso de “Atrápame si puedes” con un escurridizo Leonardo Di Caprio que trajo de cabeza a los servicios secretos de los EEUU y “Crónica de una mentira” (2009) en donde un pobre timador se saca de la nada la construcción de una nueva autopista en Francia.


En el cine patrio también podemos encontrar algún ejemplo sobre esta temática a la siempre recurrente “Los tramposos” (1959) hemos de sumarle aportaciones más cercanas en el tiempo como “Incautos” (2003) o “El traje” (2002).


domingo, 5 de agosto de 2012

Marlene Dietrich


Solo nos hace falta ver un película de Marlene Dietrich para darnos cuenta que nos encontramos ante una actriz atípica del Hollywood clásico, quizá solo igualada por Mae West. Hablamos de una auténtica precursora en el mundo de la moda kisch (del que nada envidiaría representantes actuales como Madonna o Lady Gaga) y la provocación que trazó una fulgurante carrera plagada de éxitos gracias a su fuerte personalidad que llenaba la pantalla película tras película y a su tumultuosa vida que era fuente constante de la prensa sensacionalista.

Marlene Dietrich nacía prácticamente con el siglo XX en Alemania por lo que ya muy joven le tocó vivir los horrores de la primera guerra mundial que devastó Europa. Lejos de amilanarse bajo tanta miseria, Marlene decide probar suerte a base de mucho esfuerzo en el mundo de las variedades, era una excelente violinista, pero su inquietud la llevó al mundo del teatro y el cabaret, donde comenzó el coqueteo con un vestuario que la definiría a lo largo de su carrera. Su éxito fue rotundo, así que su paso a un cine que esos momentos estaba en auge en Alemania era el paso lógico en una carrera que prometía ser exitosa y duradera. Y he aquí que se reúne con su auténtico pygmalión, con un director que modelaría la imagen de una joven berlinesa hasta convertirla en una de las actrices más conocidas del cine de Hollywood. Este no era otro que Joseph Von Sternberg y su primer gran éxito está catalogado no solo como una de las grandes películas del cine alemán sino incluso mundial. Hoy por hoy “El ángel azul” (1930) aparece en la mayoría de listas que remarcan la excelencia de las películas en ellas recogidas.


El auge del nazismo hace que Sternberg y por extensión Dietrich se planteen emigrar a la meca del cine y allí continúan sus colaboraciones que hoy se consideran títulos clave del a evolución del cine y que nos muestran a una Dietrich enfundada en un sinfín de inverosímiles trajes y que desborda glamour y personalidad por los cuatro costados e incluso se la podía ver cantando, otra de sus múltiples facetas desarrollada en su pasado berlinés. Hasta seis títulos recoge una de las más fructíferas colaboraciones de la historia del cine Con “Marruecos” (1930) se empareja con Gary Cooper, uno de los galanes de la época  ala vez que abre su carrera en Hollywood y con “Fatalidad” (1931) reafirmaría esa dualidad suya rayana entre en bien y el mal.


Sus dos siguientes trabajos con Sternberg son sus más reconocidos. En “La Venus rubia” (1932) parece regresar a sus inicios cabareteros de “El ángel azul” y con “El expreso de Shangai” (1934) alcanza en cenit en cuanto al éxito y reconocimiento se refiere en esta especial y fructífera colaboración con Sternberg.


En sus dos últimas colaboraciones se mete en la piel ni más ni menos que en la futura Catalina la grande de Rusia en “Capricho imperial” (1934) y en una desgarbada y “castiza” española en “El diablo es una mujer”(1935) representando fielmente lo que luego se conocería como femme fatale y en lo que sería la última de las colaboraciones de estos dos grandes genios.


Tras dejar a Sternberg la fama de Marlene se encontraba en lo más alto. Junto a Greta Garbo era la estrella de todas las carteleras del cine estadounidense. La Dietrich decide aprovechar esta fama para, siempre dentro imprimiéndole su toque personal, diversificar sus personajes y ampliar su registro. Así colabora en títulos capitales como “El jardín de Alá” (1936) o “Ángel”, dramas amorosos de Borzague y Lubitsch respectivamente.


Donde si arriesga indudablemente es en “Arizona” (1939). Un western que a priori parece un género en las antípodas de lo que Dietrich puede ofrecer, pero que sin embargo su gran personalidad consigue no solo que reflote sino que sea uno de los más considerados hoy en día dentro de su género.


En los cuarenta sigue completando el ciclo: regresa la femme fatale en “Alta tensión” (1941) y la abnegada y enamoradiza mujer en “Capricho de mujer” (1942) o “Los usurpadores” (1942) volviendo de nuevo al western de la mano ni más ni menos que John Wayne.


Con “Berlín occidente” (1948) comenzaría un serie de colaboraciones con grandísimos directores que pondrían el broche doro a su gran exitosa carrera. En este caso el filme de Wilder retrata el Berlín ocupado al que la Dietrich por fin regresaba a rodar tras su polémica nacionalización estadounidense a raíz de la segunda guerra mundial.


Tras Wilder llegan Hitchcock, el gran amante de las rubias para ofrecerle un papel del “Pánico en la escena”, en la que complemente a la perfección en trabajo de Jane Wyman, y el alemán Fritz Lang con quien rueda “Encubridora”, llenando de nuevo los mugrientos y peligrosos salones del oeste de boas de plumas y lentejuelas que animaban a los sedientos forajidos.


Con Wilder se reencuentra en la espectacular “Testigo de cargo” (1957), estupendo thriller de un director acostumbrado a la comedia a la altura de los grandes del género y colabora con Orson Welles en la exitosa  intriga policíaca “Sed de mal” (1958)


Tras estos fulgurantes éxitos que sirven de colofón a una excelente carrera se la puede ver colaborando de manera puntual en películas como la coral que reúne un excelente plantel en “Vencedores o vencidos” o “Encuentro en París” a más gloria de una joven Audrey Hepburn.


A raíz de los mismos, una madura Marlene Dietrich desaparece paulatinamente del panorama cinematográfico, dedicándose al cabaret, que tanto éxito la dio en sus comienzos  hasta que rompe una pierna en una actuación. Ese sería el comienzo del fin de una de las más deslumbrantes actrices de la historia del cine. Fin que se confirmaría años después al fallecer en París a la avanzada edad de noventa años.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Hou Hsiao Hsien


De origen taiwanés, Hou Hsiao Hsien representa la nueva ola de cineastas llegado desde oriente, con Zhan Yimou a la cabeza, y con valores tan importantes como los japoneses Takashi Miike y Takeshi Kitano, el coreano Kim Ki Duk o el cineasta de Hong Kong Wong Kar Wai.

Gran amante del palno secuencia, sus trabajos comienzan ya en la década de los ochenta con filmes como “Los chicos de Fengkuei” (1983) o “Un verano con el abuelo” (1984). De todos modos no es hasta mediada la década cuando alcanza su primer gran éxito con “Tiempo de vivir, tiempo de morir” (1985), donde relata de una forma pulcra las etapas de la infancia y la adolescencia.


El cineasta cierra la década de los ochenta, una de las más fructíferas de sus carrera hasta el momento con “Ciudad doliente” (1987) extensa cinta ambientada inmediatamente después de la dura represión china de mediados del siglo pasado y con la que abre una especie de trilogía particular sobre la historia de Taiwán.


Los noventa se abren con la que es hasta la actualidad una de sus obras más reconocidas “El maestro de marionetas” (1993), película retrospectiva que sirve para continuar su especial simbiosis con Taiwán.


Finalmente dos años más tarde, en 1995, con “Hombres buenos, mujeres buenas”, cierra esta característica trilogía sobre la ciudad que lo vio afianzarse como director a través de las vivencias de una joven actriz taiwanesa que se ve acosada ante su inesperado y rotundo éxito.


En “Adiós, sur adiós” (1996) da rienda suela a su creatividad, dejando de lado al argumento une de una manera un tanto aleatoria excelentes planos secuencia para desarrollar la historia de un grupo de jóvenes delincuentes, de la década de los noventa es también “Flores de Shangai” (1998), película histórica que se centra en las relaciones entre las prostitutas y sus afamados clientes en el Shangai de finales del siglo XIX.


“Millenium Mambo” (2001) supone su apertura al nuevo siglo recién estrenado. Una impactante historia urbana a través de un trío amoroso que nos muestra un Shangai caótico y bullicioso.


En el centenario del nacimiento de Yasujiru Ozu, uno de los autores orientales, y por ende japoneses más reconocidos y exitosos, Hsiao Hsien decide rendirle su particular homenaje con “Café Lumiere” (2004), poético drama con continuos guiños y alusiones a la obra del genial director.


Sus siguientes y últimas obras (a la espera del estreno en España de “Assasin”) son continuos experimentos, intrahistorias urbanas que nos reflejan la sociedad a  través de al relación entre las personas. Obras como “Tiempos de amor, juventud y libertad” (2005), historia que relata tres épocas diferentes en la vida de una pareja y que abarca desde 1966 hasta 2005 y “El vuelo del globo rojo” (2007) filme de nacionalidad francesa que se centra en las relaciones de una niñera taiwanesa y un niño francés demasiado acostumbrado a la soledad en la que juega un papel importante un mágico globo rojo.