martes, 13 de marzo de 2012

Sherlock Holmes



Salido de la literatura de la pluma de Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes pasa por ser uno de los personajes de ficción más reconocidos de todos los tiempos. Un perfecto caballero británico con una sagaz mente y una prodigiosa capacidad de indagación lo convierten en el azote de todas las mentes criminales del Reino Unido de finales del siglo XIX. Holmes se dedicaba a combatir a los criminales a golpe de investigación desde su ya famoso estudio de Baker Street (el ficticio 21b, hoy creado y reconvertido en museo) y siempre con la ayuda de su inseparable Doctor John Watson.

La vida de Holmes resulta de todo menos aburrida: de mente inquieta, adicto a las drogas (que se sepa opio, cocaína y alcaloides), con innumerables manías y de carácter antisocial pocos confiarían sus particulares casos a este enjuto personaje de no ser por la excelente reputación que lo persigue por todo Londres.

De la vida privada de Holmes poco se sabe a parte de su compleja personalidad más allá de su gusto y dominio por el boxeo, la química, y el arte del disfraz, su típico y ya famoso atuendo londinense con gorra, capa y pipa que acompañan siempre a sus trajes tweed y por la particular relación con su hermano Mycroft, cuya mente poco tiene que envidiar a la de Sherlock.

De Watson poco podemos decir, salvo su auténtica devoción e infinita paciencia con Holmes, cuya compleja personalidad y manías tantas y tantas veces consigue exasperar al incluso al más paciente de sus pocos allegados, desde el inspector Lestrade de Scotland Yard, que recurre a el admirado por sus capacidad analítica pero temeroso de sus personalidad, hasta la anciana Sra. Hudson, su casera durante años en Baker Street que vive con resignación la peripecias del investigador.

A lo largo de su extensa trayectoria Holmes se tuvo que enfrentar a cientos de casos a cada cual más complicado, pero sin duda su mayor enemigo es James Moriarty, un verdadero antídoto para la mente del Holmes. Una prodigiosa y malvada mente que desde los bajos fondos de Londres se dedica a cometer todo tipo de fechorías ante la incapacidad de respuesta de Scotland Yard. A Holmes también le resulta harto difícil deshacerse del criminal, tanto que para ello debe pagar como tributo con su vida en las cataratas de Reinchenbach en el famoso relato “El problema final”  (vida que posteriormente le sería devuelta por Conan Doyle ante las presiones del público de la época que se negaba a renunciar de una vez por todas a las peripecias del famoso investigador privado).

La vida de Sherlock Holmes se alargó a los largo de cuatro novelas (“Estudio escarlata”, “El signo de los cuatro”, “El sabueso de los Baskerville” y “El valle del terror”) y a lo largo de más de cincuenta relatos (que aparecen reunidos en cinco colecciones). Todas ellas contadas en su inmensa mayoría en tercera persona, pues se supone que los relatos no son más recopilaciones de una especie de diario que el Dr. Watson tomaba durante sus innumerables casos a modo de archivo.

Fueron muchas las caras de Sherlock Holmes a lo largo de todas sus adaptaciones cinematográfica, desde la ya lejana “Sherlock Holmes” (1922) de Albert Parker hasta la reciente saga de Guy Ritchie.

En primer lugar destacamos a John Barrymore por tener el privilegio de ser el primer Sherlock Holmes cinematográfico (en al ya citada “Sherlock Holmes” [1922] de Albert Parker).


El primer Sherlock de renombre fue Basil Rathbone que desde 1939 hasta 1945 firma nueve participaciones para la Universal al lado de Nigel Bruce (Dr. Watson) y siempre dirigidos por Roy William Neill. A muchos hoy en día aún nos viene su imagen a la mente cada vez que evocamos en personaje de Conan Doyle.


El otro Sherlock Homes cinematográfico por excelencia (en este caso alternando películas con series televisivas durante los ochenta y principio de los noventa) fue Jeremy Brett (junto a David Burke en un comienzo y luego con Edward Hardwicke como Dr. Watson). Tanto las películas como la serie, ya en color, estaban perfectamente ambientadas y reflejaban a la perfección los realtos de Conan Doyle.


Últimamente Guy Ritchie ha puesto de nuevo de moda al investigador privado londinense, en este caso más para mostrar efectos especiales típicos de cualquier película de acción moderna, rodeados de un cariz cómico, que se basan levemente en lo relatos de Conan Doyle. El encargado en ponerle cara a Sherlock Holmes es Robert Downey Jr., acompañado de Jude Law como Dr. Watson.


PELÍCULAS

Como ya citamos varias veces en el post “Sherlock Holmes” debuta en el cine ya en 1922 de la mano de Albert Parker. Versión muda en la que John Barrymore se pone en la piel del investigador.


De la época muda también es reseñable la versión cómica de Buster Keaton en 1924 en uno de sus títulos más importantes y una de las obras maestras del cine mudo: “El moderno Sherlock Holmes”


Durante la II guerra mundial muchos norteamericanos se evadían con los seriales de la Universal sobre el personaje de Sir Arthur Conan Doyle. Hasta un total de nueve películas se estrenaron a los largo de seis años sobre el famoso investigador.


“La vida privada de Sherlock Holmes” (1970) de Billy Wilder. Uno de los reyes de la comedia repasa las aventuras del mito, convirtiendo a Holmes en un histriónico y cómico investigador de causas perdidas.


“Sherlock Holmes” (1984) de Hayao Miyazaki. Magnífica adaptación al mundo del anime de las aventuras de Holmes. Imborrable para todos los niños de la generación de los ochenta y muy recomendable en general.
 

“Las aventuras de Sherlock Holmes” (1984). Exitosa y bien adaptada serie que tuvo su continuidad con otra saga amén de varias películas interpretadas por el mismo reparto.


“Sherlock Holmes” (2009) de Guy Ritchie adaptación a los nuevo s tiempos del clásico de la literatura. Más efectos especiales, más acción y más comedia. Cuenta con una secuela (y se espera otra para 2014).


“Sherlock” (2010) Exitosa miniserie de la BBC que resulta ser una arriesgada adaptación de las novelas de Conan Doyle, adaptándolas al Londres actual.


miércoles, 7 de marzo de 2012

Ingrid Bergman


Ingrid Bergman se convirtió con el paso del tiempo en una de las mejores importaciones del cine de Hollywood. Su melena rubia y su dulce mirada llenaron de glamour las películas norteamericanas de los cuarenta y cincuenta, fue una de las primeras rubias fetiche del gran Hitchcock, colaboró con todos los galanes de Hollywood, triunfó en Europa de mano de un grande como Rosellini, es la segunda actriz más laureada de Oscar, igualada con Meryl Streep y solo igualada por Kate Hepburn y además recientes estudios la valoran como la cuarta actriz más valorada de toda la historia de Hollywood (tras la propia Kate Hepburn, Bette Davis y Audrey Hepburn). Completa y versátil vida para una muchacha que con poc más de veinte años emigraba a América con un puñado de películas suecas en su filmografía a abrirse un hueco en el difícil mundo del estrellato hollywoodiense.

Ingrid Bergman nacía en Estocolmo en plena gran guerra. Su infancia es difícil a penas conoce a su madre, su padre muere cunado ella contaba poco más de diez años y sus tutora sigue el mismo camino solo seis meses después de hacerse cargo de la niña. Difícil tesitura en la que se ve involucrada la joven Ingrid, condición que sin duda la fortalecería de cara los años venideros.


Desde muy pequeña tenía claro que su dedicación iba a estar encaminada hacia el mundo de la interpretación, así ya muy joven se matricula en el Royal Dramatic Theater de Estocolmo a fin de estudiar interpretación. Todo ello unido a su dulce rostro le da la oportunidad de ir apareciendo poco a poco en un puñado de películas en su país natal, que se hallaba en una de sus épocas doradas de su filmografía por aquel entonces. De esta época destaca “Intermezzo” (1936) de Gustaf Molander que sería su espaldarazo definitivo para su salto a América (precisamente para rodar el remake americano de la película en 1939).


Sin embargo Ingrid no cruzaría el charco de paso, sino con el objetivo de afianzarse en una de las industrias cinematográficas más difíciles y para ello sus siguientes trabajos serían claves para afianzar su éxito como “Alma en la sombra” (1941) de W. S. Van Dyke o “El extraño caso del Dr. Jekyll” (1941) de Victor Fleming, acompañando a un actor consolidado como Spencer Tracy, pero sin duda su gran primer papel protagonista es el Ilsa Lazslo enamorando hasta las trancas a Rick Blane en la inolvidables “Casablanca” (1942) de Michael Curtiz.


Con “Casablanca” no llegó el Oscar, pero si la fama. El rotundo éxito de la película le da la oportunidad de rodar un sinfín de proyectos. Los grandes directores se la rifaban y la carrera de Ingrid comenzaría crecer sin parar. “Por quién doblan las campanas” (1943) de Sam Wood, según relato bélico de Hemingway sobre la guerra civil española y “Luz que agoniza” (1943) de George Cukor (por la que logra su primer Oscar) así lo atestiguan.


Quien toma buena nota de la actriz de moda en Hollywood, sobre todo por su buen papel en el thriller "Luz que agoniza" no es otro que el mago del suspense, llegado también hace poco a Hollywood de mano de Selznick, así en los años venideros actúa de manera casi consecutiva en “Recuerda” (1945), ayudando a un atormentado Gregory Peck, “Encadenados” (1946), uno de los títulos claves no solo de la actriz sino del director británico y “Atormentada” (1949).



Los cincuenta suponen para Ingrid Bergman un punto de rotura con Hollywood y paso aunque en principio así no lo pareciese otro nuevo paso adelante en su carrera. En 1950, rodando “Stromboli, tierra de Dios” conoce a Rosellini, se enamoran e inician una relación juntos. Hollywood no perdona que una felizmente casada Ingrid Bergman se enamora de un bohemio director italiano y eche por la borda años de matrimonio. Ingrid se muda a Europa.


De mano de Rosellini rueda nuevos títulos capitales en su carrera, a la ya citada “Stromboli, tierra de Dios” hay que añadirle cuatro títulos más rodados con su nueva pareja. Dos de ellos de gran trascendencia e importancia: “Europa 1951” (1952) y “Te querré siempre” (1954).


Ingrid intuía poco factible el retorno a Hollywood así que enfoca su carrera a rodar por Europa. Italia, Alemania, Francia y el Reino Unido parecen sus destinos, para esta polifacética actriz que llega a rodar en cicno lenguas a lo largo de su carrera (inglés, francés, italiano, sueco y alemán) hasta que en 1956 interpreta a la princesa Anastasia en la película homónima de Anatole Litvak y Hollywood no solo la nomina a Oscar sino que se lo otorga por que, por otra parte, es una interpretación excelente. La reconciliación por lo tanto estaba servida.


Los posteriores años viene marcados por trabajos a ambos lados del Atlántico, pero sin duda lo más destacable es otra fructífera colaboración, en este caso con el mejor director sueco de todos los tiempos: Ingmar Bergman. De este binomio surge la excelente “Sonata de otoño” (1978) que le otorga a la actriz una nueva nominación a los Oscar.


De sus años maduros también resulta obligado rescatar la obra coral basada en el famoso relato de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” (1974) de Sidney Lumet por el que logra su tercera estatuilla a mejor actriz, en este caso de reparto o “Nina” (1976) de Vicente Minelli en la que curiosamente se la puede ver junto a su hija Isabella Rosellini.


Tras lidiar con una larga enfermedad Ingrid finalmente en fallecía en Londres, su ciudad adoptiva, el día que precisamente cumplía 67 años. Con ella se cerraba una de las carreras más gloriosas en el universo cinematográfico compaginando a la perfección la superproducciones de Hollywood que le dieron fama mundial con el cine Europeo muchos más comprometido e independiente.

martes, 6 de marzo de 2012

Música de cine: John Williams

 

Estadísticas en mano John Williams tiene en su haber 47 nominaciones a los Oscar, eso lo convierte en la persona viva con más veces nominada (aun lejos de las 60 nominaciones del fallecido Walt Disney) esto nos hace ver la dimensión y repercusión de este longevo compositor en el cine actual.

John Williams es conocido sobre todo por ser el colaborador “fetiche” de Spielberg, ya que realizó prácticamente la totalidad de la filmografía del exitoso director. A el se deben bandas sonoras legendarias como “E.T el extraterrestre” (1982), “Tiburón” (1975) o “La lista de Schindler” (1993), tres de sus cinco Oscar parten de colaboraciones con Spielberg (los otros dos serían por “El violinista en el tejado” [1971] de Norman Jewison, uno de sus primeros trabajos y por su celebérrima banda sonora de la saga de “Star wars”).

Aunque por ellas no haya logrado alzarse con la famosa estatuilla muy famosas y mundialmente tarareadas resultan también la saga de Indiana Jones también de Spielberg, “Superman” (1979) de Richard Donner.

Recientemente y a sus ya más de ochenta años sigue trabajando si cesar. De sus últimos grandes trabajos, a parte de su eterna colaboración con Spielberg, destaca su aportación con la banda sonora de la exitosa saga, recientemente terminada, de Harry Potter.

Desde aquí nuestro pequeño homenaje para un compositor que realzó la banda sonora en el cine y la convirtió en una de las partes esenciales del mismo. Finalizamos el post de la mejor manera posible: con música de John Williams. A disfrutar y emocionarse.

 

lunes, 5 de marzo de 2012

Cine de samurais (sanbara)


El cine de samuráis bien puede ser a los japoneses lo que el western es a los americanos. Una parte de su historia pasada narrada en forma de drama o acción. Con personajes rudos y complejos que dirimen sus disputas a través de vistosos duelos bellamente retratados.

El cine de samuráis muestra un Japón feudal y eminentemente rural en donde el poder estaba reunido en castas o familias y el honor era defendido por medio de samuráis a sueldo. Hombres que hacían de la lucha un arte, debía progresar socialmente, puesto que la casta de un samurái es un de sus mayores virtudes. En el escalafón mas bajo estaban los “ronin” o samuráis sin amo que a través de una vida de vagabundeo y mendicidad debían luchar día a día pos su supervivencia y por conseguir un amo que los pudiese sustentar. Muchos de ellos tras una trayectoria impecable se convertían en héroes tal y como fueron en si día los gladiadores romanos.

También llamado popularmente chanbara (contracción de las onomatopeyas “chan-chan” [ruido de espadas] y “bara-bara” [ruido de las heridas con arma blanca]), el cine de samuráis tiene como precedente inmediato al “kabuki” japonés. Ya en este conocido tipo de teatro japonés se llevaban haciendo representaciones con samuráis de por medio desde muchos siglos atrás. Con el cine el germen fue obviamente el cine mudo ya en los años veinte se podía ver muchas cintas de espadas, sin embargo su época de máximo apogeo no llegó hasta los años cincuenta, coincidiendo con el fin de la II guerra mundial el cine de samuráis consiguió fama mundialy ya no era utópico encontrar cintas de este tipop en  concursos y certámenes internacionales. Incluso el cine americano se sintió influenciado por este género surgiendo versiones como “Los siete magníficos” (1960) de John Sturges (basada en “Los siete samuráis” [1954] de Kurosawa) o “Por un puñado de dólares" (1964) de Leone (basada en “Yojimbo” (1961) también de Kurosawa). O más recientemente el cine de Tarantino y Robert Rodríguez que también bebe claramente las aguas de este género.

Tras una lenta decadencia durante década a finales de los noventa sufre un nuevo repunte, principalmente dada por remakes y más centradas en los duelos que en el drama derivado de la defensa del honor, como buen se hacía en un principio.

Muchos fueron los directores que se atrevieron con el cine chanbara desde los más grandes como Mizoguchi u Ozu, hasta especialistas como Kobayashi , Inagaki y su trilogía del Samurai, pero el más conocido y afamado fue sin duda el director japonés por excelencia: Akira Kurosawa. El mismo legó tanto a sus congéneres como al mundo en general (siempre fue muy bien considerado en occidente) verdaderas obras maestras del género.

PELICULAS

“Los cuarenta y siete samuráis” (1941) de Mizoguchi: La primera de las grandes obras maestras del género. Rodada durante la segunda guerra mundial por uno de los mejores directores de todo el cine japonés.


“Los siete samuráis” (1954) de Kurosawa: El verdadero relanzamiento del cine chanbara. Todo un acontecimiento en el mundo occidental con premios tan prestigiosos como el león de plata a mejor dirección en Venecia y dos nominaciones a los Oscar.


Trilogía samurái (1954/56) de Inagaki: Trilogía que narra los avatares de un samurái interpretado por Toshiro Mifune que va desde sus difíciles comienzos hasta la consolidación de este como un samurái de primera.


“Yojimbo” (1961) de Kurosawa: Nueva obra maestra del género de Kurosawa sobre un samuráis que llega a un pueblo enfrentado por dos bandas rivales, las cuales a la vista de sus cualidades como guerrero harán lo posible con contar con sus servicios. Fue objeto del famoso remake americano de Leone "Por un puñado de dólares" (1964), una de las obras cumbres del spaguetti western.


“Harakiri” (1962) de Kobayashi: Historia en flashback del ocaso de un samurai a punto de hacerse el seppuku (o harakiri), para fallecer con honor. Takashi Miike prepara un remake para este 2012 que se estrenará en verano en España con todo el esplendor del 3D.


“El ocaso del samurái” (2002) de Yamada: Película sobre samuráis al avieja usanza, dejando un poco de lado la acción y enfatizando más en lo que supone el código de honores que rige la vida de los samuráis. Nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa.


“Zatoichi” (2003) de Takeshi Kitano: Una de las más recientes y mediáticas versiones del la leyenda japonesa de Zatoichi: el samurái ciego. En este caso corre a cargo de Kitano más acostumbrado a "lidiar" con la yakuza que con el género sanbara.


“El último samurái” (2003) de Edward Zwick: Incursió americana en el género por excelencia japonés para narrar la historia de un general atormentado por el recuerdo de la guerra civil (Tom Cruise), que decide trasladarse a oriente, en donde descubre y queda fascinado por el código de honor que rigen los combates entre samuráis.


“13 asesinos” (2011) de Takashi Miike: Reciente remake del clásico de Eichi Kudo de 1963, que fue muy alabada con la crítica y que cuenta con un impresionante combate final de más de una hora de duración.


domingo, 4 de marzo de 2012

Woody Allen: los ochenta


En el anterior post dejábamos a Woody Allen cerrando los setenta de manera brillante, con un retrato sublime de su querida ciudad Nueva York en una película que con el tiempo no solo se convertiría en una de sus mejores películas sino en un referente de la historia del cine.

Pues bien, Allen abre nueva década con una de sus películas más olvidables, rompiendo un poco con sus estilo Allen muestra su lado más intimista con “Recuerdos” (1980), una especie de búsqueda espiritual al través de una retrospectiva del protagonista (sospechosamente autobiográfica) al más puro estilo “8 ½” (1963) de su idolatrado Fellini.


La siguiente película es una libre adaptación de Shakespeare, en ella el genial director da rienda suelta a todas sus filias y fobias consiguiendo una lograda y particular versión del clásico de la literatura inglesa y universal “El sueño de una noche de verano” (en este caso “Comedia sexual de una noche de verano” [1982]) y posteriormente logra otro éxito con “Zelig” (1983), un falso documental en tono comedia sobre una especie de hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana en su adorada época del jazz. Definitivamente Woody Allen parecía haberse recuperado de su patinazo intimista de “Recuerdos”.


“Broadway Danny Rose” (1984) supone la consolidación de la buena racha comenzada con su especial adaptación del dramaturgo inglés. Dos nominaciones a los Oscar (por mejor director y mejor película así lo atestiguan) con esta desternillante historia de anécdotas ambientadas en el mundo del boudeville. Mundo del cine y la comedia que también sería la protagonista de su siguiente película “La rosa púrpura del Cairo” (1985), una original historia sobre un fantasioso personaje que conoce a su estrella cinematográfica de la manera más insospechada.



Llega 1986 y con el otrro de los títulos esenciales en la filmografía del director neoyorkino. “Hannah y sus hermanas” se convierte de inmediato en una de las piezas esenciales dentro de la especial forma de ver la comedia de Woody Allen. Una historia sobre la relación entre tres hermanas que le depara uno de lo mayores éxitos con 7 nominaciones a los Oscar (de los que se alza con 3) en un Hollywood que no olvidemos que nunca acabó de entender y apreciar el cine del genial director.


Allen celebra el rotundo éxito de “Hannah y sus hermanas” con dos nuevas películas en 1987 (año especialmente prolífico) con la oscura e intimista “Septiembre”, lejos de sus típicas comedias y sobre todo con “Días de radio”, historia ambientada en los años cuarenta que pretende ser un homenaje a la radio, que con el paso del tiempo ha ido perdiendo importancia con respecto a la televisión, hasta quedar relegada a un peligroso segundo plano. Aquí en España también es recordada por su comienzo, todo un guiño a “Historias de la radio” (1955) de Saenz de Heredia, que como el propio Allen reconoció  le había servido de inspiración.


El siguiente año estrena otra film intimista en torno a otro de sus temas recurrente (aunque siempre en tono de comedia) como es el psicoanálisis con “Otra mujer”, historia de una profesora de filosofía que pide la excedencia a fin de escribir un libro y que acaba por analizar toda su vida a través de sus vivencias. Otro film que pese a los esfuerzos del director por apartarse de la comedia parece pasar bastante desapercibida.


La década se cierra de manera brillante con un estelar proyecto sobre Nueva York, junto a Scorsese y Coppola, narrado a través de tres historias independientes (una para cada director), ambientadas todas ellas en la gran manzana y sobre todo por “Delitos y faltas”, típica historia de problemas conyugales, que tan bien sabe trazar Woody Allen.


Los ochenta fueron también una puesta en contacto con el cine más intelectual, más allá de sus intimistas aportaciones, que caracterizaron a esta época. Woody Allen es objeto de un breve documental de Godard: “Meeting Woody Allen” (1986), casi media hora en donde los dos directores disertan en torno al cine y so particular forma de verlo y en donde a buen seguro que también aprovecharon para sellar un colaboración mutua que se produciría al año siguiente en una especial versión del rey Lear de Godard en donde aparece breve y curiosamente Woody Allen.

sábado, 3 de marzo de 2012

A todo gas (persecuciones de cine)


Persecuciones llevadas al límite, adrenalina en estado puro. Todo amante del cine de acción debería echar un vistazo a este post creado a partir de retazos por medio de recuerdos propios y votaciones de Internet (hoy en día herramienta que se antoja indispensable para cualquier estudio, informal eso si, sobre cinefilias varias). He aquí pues una especie de top ten de las mejores persecuciones de la historia del cine. Unas innovadoras, otras caóticas, otras que marcan estilo todas muy distintas, pero con un trasfondo común poner tierra de por medio con el perseguidor y dejar boquiabierto el espectador.

1. “Ronin” (1998) de John Frankenheimer. Una de las muchas películas que se producen al año dentro del cine de acción. Eso si siempre será recordada por un gran De Niro y por las estupendas e inverosímiles persecuciones por las calles de distintas ciudades francesas.


2. “The italian job” (1969) de Peter Collinson. Buena película de factoría británica (con un posterior remake Americano). En la que queda para el recuerdo la estupenda persecución “retro” de los minis.


3. “El diablo sobre ruedas” (1971) de Steven Spielberg. El debut de Spielberg nos lega otra de las persecuciones mas recordadas de la historia del cine. Esta sirve a demás como argumento principal de la película.


4. “Bullitt” (1968) de Peter Yates. Una de las películas y personajes más conocidos de Steve McQueen. Las famosas persecuciones por las calles de San Francisco no solo quedan en el recuerdo colectivo, sino que son fuente de constante de revisiones e incluso parodias.


5. “El mito de Bourne” (2004) de Paul Greengrass . Una constante a los largo de la saga, sin embargo las persecuciones de la segunda de las películas resultan realmente destacables y merecedoras de pertenecer a esta selecta lista.


6. “Gone in 60 seconds” (1974) de H.B. Halicki. Si el reto de la película no es ni más ni menos que el robo de 46 deportivos de lujo la probabilidad de encontrar un persecución también de lujo es alta (probabilidad por cierto que el remake se debió de olvidar de comprobar).


7. “The french connection” (1971) de William Friedkin. Gran éxito en su estreno tanto de crítica como de público. Hay también es recordada por la larga y angustiosa persecución a lo largo de una de las ciudades más caóticas y con más tráfico del mundo como es Nueva York.


8. “Mad max” (1979) de George Miller . Para muchos considera como un película de culto. Un joven Mel Gibson se ve involucrado en muchas persecuciones post-apocalípticas en esta especie de road-movie futurista a fin de mantener un poco el orden social.


9. “Terminator 2: el juicio final” (1991) de James Cameron . Otra película futurista en la lista en esta caso un persecución un tanto desigual. Un joven Edward Furlong en motorbike era acosado por el T1000 en un inmenso camión. Menos mal que el bueno de “Arnie” se pasaba por allí enfundado en su chupa de cuero…


10. “Quantum of solace” (2008) de Marc Foster. Cierra la lista el espía secreto más famoso de la historia del cine. En su caso más por repetición a lo largo de la saga de buenos momentos al volante que por una persecución en concreto.


jueves, 1 de marzo de 2012

Christopher Plummer


Lejos de las grandes premiados y del glamour de la alfombra roja la pasada gala de los Oscar nos deparó algo que a mi al menos me llamó la atención y es que el veterano Christopher Plummer recibía el Oscar al mejor actor de reparto a los 82 por “"Begginers” de Mike Mills (convirtiéndose en el actor más longevo en recibir el galardón hasta la fecha) y es que es curioso porque precisamente Plummer recibía su primera nominación a Oscar tan solo dos años atrás con su Tolstoi de “La última estación” (2009) de Michael Hoffman. Con reconocimientos de este calibre quién quiere jubilarse…


Christopher Plummer nace en Canadá al finalizar la década de los años veinte. Su vida iba encaminada hacia la música, pero un buen día le pica el gusanillo de la interpretación y decide volcar todo su talento a algo que lo motiva y le gusta verdaderamente.

Empieza su carrera con papeles de poca monta (aun así consigue aparecer en el elenco de estrella de “La caída del imperio romano” [1964] de Anthony Mann). Su gran oportunidad le llega de mano de uno de los musicales más famosos y premiados: el famoso capitán Von Trapp de “Sonrisas y lágrimas” (1965) de Robert Wise.


Aprovecha el rotundo éxito de la película para poder afianzarse en Hollywood. En años venideros se le puede ver especializándose en película de carácter bélico (“La noche de los generales [1966] de Anatole Litvak, “La batalla de Inglaterra” [1969] de Guy Hamilton o “Waterloo” [1970] de Serguei Bondarchuk) .


Los setenta viene marcados por dos éxitos: la carismática “El regreso de la pantera rosa” (1975) de Blake Edwards y sobre todo “El hombre que pudo reinar” (1975) de John Huston, como Ruyard Kipling.


En su madurez se le puede ver siempre como un impecable secundario en cintas de más o menos renombre. Así aparece en “Malcolm X” (1992) de Spike Lee, “Lobo” (1994) de Mike Nichols, “Doce monos” (1995) de Terry Gilliam o la más reciente “Una mente maravillosa” (2001) de Ron Howard.

Trabajador incansable y gran amante de su trabajo sigue apareciendo de manera incesable tanto en trabajo para televisión como para la gran pantalla. Hasta que cuando menos lo esperaba y de manera insospechada recibe el reconocimiento a ese esfuerzo y trabajo constante con dos nominaciones (de la que se deriva el citado Oscar) por dos trabajos impecables. Todo un ejemplo de perseverancia y amor por una profesión que finalmente le supo devolver toda su dedicación, y es que más vale tarde que nunca.