martes, 11 de diciembre de 2012

Fernando Fernán Gómez: el director


El talento de Fernando Fernán Gómez ya repasado aquí en parte no tuvo límites: interpretación, dirección, teatro, narrativa, guionista, y miembro de la Real Academia Española hasta el año de su muerte. Desde este blog, y tras habernos ya centrado en su faceta interpretativa, proseguimos repasando el talento de este genio polifacético en este caso su labro tras la cámara.

Para Fernando el gusanillo de la dirección fue precoz. Su primera película de factoría propia la dirigió tan solo doce años después de su precoz aparición delante de una cámara de manera casi amateur. Su debut en solitario fue “El mensaje” (1955), una película ambientada en la guerra de la independencia de España. Sin embargo tras una serie de películas que le sirvieron de gran aprendizaje su primer gran éxito no llega hasta 1961 con “La venganza de Don Mendo” famosa adaptación medieval que el mismo también interpretaría.


De los sesenta son también la famosa comedia “Los palomos”, una magnífica y arriesgada película de suspense (“El extraño viaje”), en una época en donde el cine español vivía de las banales comedias que tuviesen entretenido al reprimido pueblo y una muy buena adaptación sobre la famosa comedia costumbrista de Mihura “Ninette y un señor de Murcia”, recientemente adaptada de nuevo por Garci, sin llegar el éxito de Fernan-Gomez ni mucho menos. Esta década por lo tanto da muestra del conocimiento y versatilidad que tiene el ya considerado director dentro del mundo del cine, que repito se hallaba totalmente anclado y controlado por el régimen y su censura, lo que aún da más valor añadido al excelente trabajo de los Berlanga, Bardem, Fernán-Gomez


Ya adentrado en otra década su desbordante talento y su innegable trabajo lo llevan a firmar obras como “Mi hija Hildegart” (1977), memoria de un crimen que consternó a la sociedad española o la excelente obra para la televisión “El pícaro” que a parte de dirigir e interpretar el mismo guionizó basándose en la famosas novelas picarescas que tanto relumbrón habían dado a la literatura española siglos atrás.


Por fin llegan los reconocimientos en forma de los recién estrenados premios Goya. Con Viaje a ninguna parte” (1986) la academia al alzarse le rinde todo un homenaje otorgándoles tres de los cinco premios a los que optaba (mejor película, dirección y guión) en lo que fue su gran obra total siendo director protagonista y adaptando su propia obra teatral. Más tarde con Mambrú se fue a la guerra” (1986) siguió participando activamente de la gala de los Goya, esta vez ganándolo como mejor actor.


De sus últimas obras conviene destacar el interesante thriller “Pesadilla para un rico” (1996). Fernando Fernán Gómez seguiría actuando hasta prácticamente la fecha de su muerte en 2007, pero su despedida del cine como director vino de mano de “Lazaro de Tormes” (2001), una especie de homenaje que rememora viejos éxitos pasados.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Dogma 95




En 1995 aparecía lo que a día de hoy es el último movimiento vanguardista del cine. En una serie de conferencias llevadas a cabo en París como conmemoración del primer centenario del séptimo arte dos jóvenes directores daneses, Lars Von Trier y Thomas Vinterberg, hacían público un decálogo, una especie de voto de castidad para los directores a fin de conseguir un cine más puro, vacío de superfluos y costosos artificios y poder mostrar así el cine más realista posible.

Pese a que desde un principio ni siquiera sus creadores fueron capaces de seguir a raja tabla los mandamientos del decálogo el movimiento pronto tuvo un gran éxito. Al mismo se unieron también los directores nórdicos Kristian Levring y  Soren Kragh-Jakobsen, menos conocidos que sus dos predecesores, pero de igual importancia en el grupo, que pasaría a denominarse Colectivo Dogma 95 (o hermanos Dogma).  

El movimiento pronto captó la atención de jóvenes directores independientes que atraídos por la idea de un cine más puro empezaron a experimentar con el decálogo Dogma. Para todos ellos un diploma expedido por el propio grupo que actuaba a modo de una especie de número de matrícula que catalogaba al  filme como perteneciente a dicho movimiento, costumbre que con el tiempo se fue diluyendo.

El movimiento siguió evolucionando a lo largo de diez años, dando como fruto más de doscientas piezas a lo largo del globo (recogidas tanto e cortometrajes, documentales o largometrajes). Sin embargo la gran restricción de sus normas y la ambigüedad de algunas de ellas acabaron por separar a los miembros del espíritu del grupo rompiéndose el mismo en 2005, diez años después de su promulgación. Hoy en día el espíritu Dogma 95 sigue todavía vivo y son muchos los directores que firman un formulario sometiéndose y dando fe de que han cumplido todos los preceptos del extinto movimiento.

A continuación transcribo el manifiesto tal y como fue redactado en su día por Vinterberg y Trier:

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DOGMA 95

DOGME 95 es un colectivo de cineastas fundado en Copenhague en la primavera de 1995.

DOGME 95 tiene como fin formal luchar contra ciertas tendencias del cine actual.

¡DOGME 95 es un acto de sabotaje!

En 1960, ¡ya era suficiente!. El cine estaba muerto y pedía su resurrección. ¡El fin era justo, pero no los medios!. La nueva ola no se atrevía a ser más que un pequeño oleaje que iba a morir en el río convirtiéndose en lodo. Los eslóganes de individualismo y libertad hicieron nacer obras durante algún tiempo, pero nada cambió. La ola fue pasto de los más voluntariosos, así como de los directores. Pero nunca fue más fuerte que aquellos que la habían creado. El cine antiburgués se hizo burgués pues había sido fundado sobre teorías que tenían una percepción burguesa del arte. El concepto del autor, nacido del romanticismo burgués, era entonces... ¡falso! ¡Para el DOGME 95 el cine no es algo individual!

Actualmente, una tormenta tecnológica está causando furor, el resultado será la democratización suprema del cine. Por primera vez, no importa quién es el que hace las películas. Pero, cuanto más accesibles se hacen los medios, más importante es la vanguardia. No es algo accidental por lo que la vanguardia tiene connotaciones tecnológicas. La respuesta es la disciplina... debemos ponerles uniformes a nuestras películas, porque el cine individualista será por definición decadente.

DOGME 95, para levantarse en contra del cine individualista, presenta una serie de reglas indiscutibles conocidas como el voto de castidad.

En 1960, el cine había sido cosmetizado hasta su muerte, por así decirlo. La tarea suprema de los cineastas en decadencia es volver loco al público. ¿Es de esto de lo que estamos tan orgullosos? ¿Es esto lo que nos aportan los 100 Años? ¿Ilusiones para mostrar las emociones?... ¿Un abanico de supercherías elegidas por cada cineasta individualmente?
Previsiblemente el drama se ha convertido en el becerro de oro alrededor del cual todos bailamos. Hacer que la vida interior de los personajes justifique el argumento es demasiado complicado, y no es arte auténtico. Ya que, anteriormente, nunca las películas artificiales y las acciones superficiales recibieron toda la atención. El resultado es estéril. Una ternura ilusoria, un amor de ilusión.

¡Para DOGME 95 una película no es una ilusión!

Actualmente, una tormenta tecnológica está causando furor : elevemos los cosméticos a Dios. Utilizando la nueva tecnología, cualquiera en todo momento puede lavar los últimos restos de verdad en un abrazo mortal a las sensaciones. Las ilusiones son todo lo que una película puede esconder.
DOGME 95 se levanta contra el cine de ilusión, presenta una serie de reglas indiscutibles conocidas como el voto de castidad.

VOTO DE CASTIDAD

Juro que me someteré a las reglas siguientes, establecidas y confirmadas por:
  1. El rodaje debe realizarse en exteriores. Accesorios y decorados no pueden ser introducidos (si un accesorio en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir uno de los exteriores en los que se encuentre este accesorio).
  2. El sonido no debe ser producido separado de las imágenes y viceversa. (No se puede utilizar música, salvo si está presente en la escena en la que se rueda).
  3. La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento -o inmovilidad- conseguido con la mano están autorizados.
  4. La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada. (Si hay poca luz, la escena debe ser cortada, o bien se puede montar sólo una luz sobre la cámara).
  5. Los trucajes y filtros están prohibidos.
  6. La película no debe contener ninguna acción superficial. (Muertos, armas, etc., en ningún caso).
  7. Los cambios temporales y geográficos están prohibidos. (Es decir, que la película sucede aquí y ahora).
  8. Las películas de género no son válidas.
  9. El formato de la película debe ser en 35 mm.
  10. El director no debe aparecer en los créditos
¡Además, juro que como director me abstendré de todo gusto personal! Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.

Así pronuncio mi voto de castidad.

Copenhague, Lunes 13 de marzo de 1995.

En nombre de Dogme 95,

Lars von Trier - Thomas Vinterberg

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Figuras relevantes del movimiento

Lars Von Trier – Controvertido y exitoso confundidor del movimiento. Fue le que mejor supo aprovechar la publicidad del grupo siendo hoy en día considerado uno de los directores más personales y arriesgados del panorama internacional


Thomas Vinterberg – Sin llegar ni mucho menos a la fama internacional de Trier, Vinterberg sigue teniendo a día de hoy gran reconocimiento en su país natal, desde donde sigue trabajando, y en el resto de Europa.


Soren Kragh-Jakobsen – Músico de profesión, vuelca su gran intelecto en el séptimo arte. Ya llevaba cierta trayectoria cuando se siente seducido con el movimiento pasando a no solo participar en el mismo sino a ser considerado uno de sus miembros principales.


Kristian Levring  - La importancia de Levring viene dada por su plena implicación en el movimiento. A día de hoy es recordado por su obra documental y su aportación en forma de película en Dogma 95


Principales obras de Dogma 95

Celebración (1998) – Punto de partida del movimiento. Vinterberg convierte lo que sería una plácida fiesta familiar en homenaje a su patriarca en un sinfín de despropósitos, haciendo patente la vileza innata del ser humano.


Los idiotas (1998) – Un grupo de jóvenes se reúne a diario sin más pretexto que el de matar el tiempo de la forma más simple posible. A todos los une una idiotez que los lleva a experimentar con diversos aspectos de la vida.


Mifune (secretos de familia) (1999) – Cuando el pasado decide llamar  a tu puerta no importan donde te escondas, siempre dará contigo. Eso parece pasarle a un joven que pretendía llevar la vida perfecta hasta que su entorno se hace sabedor de una familia que hasta entonces se desconocía.


Italiano para principiantes (2000) – Película de enredos, de relaciones sociales entre personas que tiene mucho más en común que lo que a priori se pensaba y que en un principio solo parecía unir un curso de italiano.


El rey está vivo (2001) – Una de las películas más personales del movimiento. En el corazón de Namibia un crisol de nacionalidades se encuentran perdidos bajo el calor sofocante. Deben entretenerse para evitar caer en el desánimo.


5 condiciones (2003) – Siguiendo los preceptos Dogma, Lars Von Trier reta a Jorgen Leth a llevar a cabo una revisión muy especial de un corto suyo dirigido casi cuarenta años atrás. Se trata de cinco versiones, cada una de ellas sujeta a una restricción dando lugar con ello a cinco obras totalmente diferentes sobre el mismo contexto.


Dogma 95 en España

El movimiento Dogma 95 en España es escaso, se limita a una serie de películas entre las que destaca una especie de trilogía llevada a cabo por Juan Pinzás, de escasa acogida y conocimiento por el público general y que pese a seguir los preceptos Dogma y contar con su diploma acreditativo no pasarán de ser una mera rareza dentro del cine patrio.



domingo, 9 de diciembre de 2012

Eric Rohmer


Maurice Henri Joseph Schérer o Eric Rohmer como fue conocido para la posteridad cinematográfica pasa por ser uno de los miembros principales de la nouvelle vague francesa. Creador de un cine de autor intelectual es el paradigma de hombre polifacético, al igual que muchos de sus compañeros de generación y movimiento su conocimiento y amor por el cine traspasa su faceta de realizador y guionista llevándolo a su vez por otros derroteros como la literatura, el periodismo o incluso la docencia, todo ello siempre ligado de una manera a u otra a lo que siempre fue su pasión que no es otra que el cine.

Su extensa obra que abarca más de medio siglo de trabajo refleja la visión del mundo de Rohmer y a su vez se puede englobar principalmente, aunque no en su totalidad, en series o sagas que ahondan, aún siendo cada pieza independiente de su “hermana”, en temas comunes que las hacen parte de un todo.

Tras un serie de cortos a los largo de la década de los cincuenta su primara gran obra llega en 1959, en lo que a todas luces puede considerarse el bautizo de fuego de Rohmer en esto del séptimo arte. Con “El signo del león” no solo muestra su visión del mundo sino que se ve la influencia de grandes directores triunfantes en la época como Rosellini o Renoir, auténtico ídolo de Rohmer.


Seis cuentos morales

Tras un debut que dejó tan encantada a la crítica como indiferente al gran público, Rohmer se embarca en una serie de seis películas, primeramente concebida como novela (algo que desechará por este proyecto) en donde disertará y diseccionará a través de sus personajes la importancia de la cotidianidad, ensalzándola a través de sus propios personajes. Aquí podemos ver su cine más prosaico, vacío de artificios que sobre todo trata sobre un sentimiento tan universal y complejo como el amor. Todo ello englobado en películas como:

“La panadera de Monceau” (1962) - en este caso es apenas un mediometraje que panes traspasa los 20 minutos, pero que tiene como valor añadido ser el inicio de esta primera saga. En donde ya Rohmer da muestras de lo que va a ser no solo su saga sino probablemente la mayoría de su obra. Un constante lucha entre el amor y el desamor.


“La carrera de Suzanne” (1963) – Primer largometraje de la saga en donde el trío de protagonistas da pie el director para ahondar sobre el amor y todas su consecuencias.


“La coleccionista” (1967) – El parón de cuatro años, dedicados a otros proyectos, le viene bien a Rohmer, pues alcanza su primer gran éxito internacional con este drama basado en una especie de búsqueda espiritual de una felicidad que parece más bien lejana tras una anodina rutina.


“Mi noche con Maud” (1969) – Uno de los títulos principales de toda la obra del autor, con la que incluso opta al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Dominada por una sencillez abrumadora la película retrata como pocas a personajes anclados en su rutina que luchan denodadamente por escapar hacia una vida cuando menos distinta.


“La rodilla de Claire” (1970) – Otro de las grandes aportaciones del director al séptimo arte. Un flirteo inocente que con el avance del metraje nos hace ahondar en los personajes, en sus sentimientos y en la manera de refirmarse en las relaciones interpersonales


El amor después de mediodía” (1972)  - Rohmer cierra el círculo del amor con la fragilidad de la fidelidad. Toda una serie de tentaciones que cobran forma en el cuerpo de una antigua y bella amiga que pondrá en jaque la estabilidad de un plácido y bien avenido matrimonio de éxito.


Tras esta serie dedicada a la moralidad derivada del amor, Rohmer hace un paréntesis en su cine y rueda un par de películas históricas antes de embarcarse en su nuevo proyecto. De ambas destaca sobre todo “La marquesa de O” (1976), toda un lienzo sobre al decadencia de la aristocracia italiana, ya trazado magistralmente con anterioridad por Visconti en “El gatopardo” (1963).


Comedias y proverbios

Con el amor de nuevo como vehículo narrativo, Rohmer compone otro ciclo más optimista, quizá algo más alejado del movimiento de la nouvellle vague que ya se antojaba lejano en el tiempo. Pero eso sí la obra aquí recogida refleja fielmente la ideología del autor. Un cine ya asentado en el tiempo que sigue configurando una peculiar y sencilla forma de ver el mundo y las relaciones sociales, quizá el mayor legado del cine de Rohmer. Otras seis películas como muestra de la evolución del director:

“La mujer del aviador” (1980)Rohmer comienza esta su segunda etapa con una historia de amor y celos, en donde la confusión parece cegar los sentimientos de los protagonistas llevándolos a actuar con actitudes un tanto reprobables.


“La buena boda” (1982) El desamor como camino conductor al amor o la resignación del desamor, podrían ser el resumen lineal de una nueva lección de Rohmer que continua la labor empezada dos años atrás con la primera piedra de este nuevo proyecto.


“Pauline en la playa” (1983) Sin duda la película más reconocible y recordada de esta segunda fase creativa de Rohmer. Con el amor adolescente como fondo narrativo. Un amor impulsivo y pasional que arrastra a los personajes a experimentar nuevas y ansiadas sensaciones.


“Las noches de luna llena” (1984) – La protagonista busca reafirmar su vida alejándose de su posesivo novio en busca de sus espacio en la vida. Continuas y vacías experiencias posteriores le harán replantear lo correcto o no de su drástica decisión.


“El rayo verde” (1986) – Otra de las obras importantes dentro de comedias y proverbios. Una solitaria y deprimida mujer decide salir de viaje en sus vacaciones sin sospechar el giro que esa decisión supondría en su vida.


“El amigo de mi amiga” (1987) Amor a cuatro bandas para cerrar esta nueva etapa en la obra de Rohmer. Todo un “cocktail amoroso” entre las parejas protagonistas, mediante continuos y velados flirteos.


Cuentos de las cuatro estaciones

De temática muy similar a las anteriores Rohmer sigue ahondando en las relaciones interpersonales con el amor y sus consecuencias como argumento principal. Esta vez el ciclo, como de su nombre bien se puede intuir, consta de cuatro piezas, una por cada estación del año.

"Cuento de primavera" (1990) – El director francés narra con parsimonia las relaciones entre parejas, los impulsos que las mueve y las pasiones que desatan. Con cinco personajes y largos diálogos Rohmer diserta sobre el amor, la infidelidad, la amistad o los celos entre otras cosas.

"Cuento de invierno (1992)" – Un romance estival deja marcada a una joven, lo que le hará replantearse todo el resto de sus relaciones al compararlas inevitablemente con el idílico encuentro de invierno.

"Cuento de verano (1996)" – El amor se hala donde uno menos sospecha. Eso debe pensar el protagonista de esta cinta que tras entablar, o al menos intentarlo u sinfín de relaciones parece encontrarse a gusto con quien menos se imagina.

"Cuento de otoño (1998)" – El amor no tiene edad. Otra de las frases recurrentes que precisamente en esta última aportación decide demostrar Rohmer desde unos cuidados y hermosos parajes de la Provenza francesa.
  

Si bien los ciclos de Rohmer se acabaron con los cuentos de las cuatro estaciones, cerrando así una peculiar trilogía de sagas sobre las relaciones personales y el amor, su cine sigue en evolución prácticamente hasta el momento de su muerte a penas recién iniciado 2010. Así se suceden las más variopintas obras, dramas de distintas épocas como “La inglesa y el duque" (2001), una recreación perfeccionista del París posterior al asalto de la bastilla, de los días de revolución y barricadas desde un punto de vista teatral, con largos diálogos en amplios planos o “Triple agente” (2004), toda una historia idealista con una Europa que se prepara para la segunda guerra mundial mientras ve como España se desmiembra en su guerra civil y por último en lo que fue su despedida para el séptimo arte la adaptación del clásico de la literatura barroca francesa El romance de Astrea y Celadón” (2007). Con el se apagaba una de las grandas figuras de la nouvelle vague, que lejos de anclarse en el movimiento supo adaptarse a los tiempos y ser un longevo director de éxito.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Harold Lloyd



Siguiendo el repaso por las grandes figuras del cine cómico en su etapa muda nos paramos a repasar la carrera de Harold Lloyd, una de las caras más representativas de este estilo de cine basado en gags visuales dotados de cierta dosis atlética y porque no decirlo con un violencia ciertamente recurrente en lo que se vino a conocer como el slapstick.

Al igual que otros de los más grandes representantes de este tipo de cine Lloyd pronto desenvolvió una serie de rasgos de identidad definitorios. Si de Buster Keaton todos recordamos su rostro impenetrable carente de sonrisa y de Chaplin sus anchos y raídos pantalones contrapuestos a su ceñida chaqueta que siempre acompañaba de su bastón y su bombín de Harold Lloyd recordamos esas grandes gafas de pasta y su sombrero de paja acompañados de esa eterna sonrisa.

Sin embargo su entrada en el mundo del cine no fue tan vocacional como otros de sus compañeros de profesión, de hecho Harold Lloyd no era más que un simple acomodador cuando su amistad con un conocido por quel entonces actor de la época le reporta sus primeros papeles como extra. Su mente despierta, sus ganas de aprender y el entusiasmo con en que afrontaba sus trabajo lo llevan a ir evolucionando desde extra hasta lograr pequeños papeles y tras una breve formación (que le sirve para trabar amistad con el futuro productor de Hollywood Hal Roach, pieza fundamental en el futuro devenir de Lloyd en el cine) da el gran salto al cine de Hollywood.

Sus primeros papeles datan de 1917. Son una serie de cortometrajes, que nos solo le sirvieron para modelar su personaje y tomar conciencia de lo que estaba suponiendo la irrupción del cine en la sociedad de la época. Sino que con ellos poco a poco fue dándose a conocer para un público cada vez más creciente. De esta época datan cortos como  “El chef”, Habla con papá”, ambos de 1919 o "Aparición de fantasmas”  de 1920


Gracias al gran éxito y popularidad alcanzada por este puñado de cortometrajes a lo largo de dos años el salto al largometraje iba a ser cuestión de tiempo y así lo logra en 1921 en una de sus películas más recordadas “Marinero de agua dulce”.


Harold Lloyd ya era considerado como una de las caras principales del cine cómico y así sus éxitos se iban concatenándose, esta vez ya en forma de largometrajes. Sucediéndose títulos como El doctor Jack” (1922), “El tenorio tímido” (1924) u otro de sus grandes aciertos “El estudiante novato” (1925).



Sin embargo es en 1923 cuando Harold Lloyd se convierte en mito al protagonizar “El hombre mosca”, sin duda su película más recordada, que nos deja para la posteridad la famosa y arriesgada escena del ascenso al edificio, anticipando escenas dignas de King Kong o del mismísimo hombre araña.


La transición al sonoro fue dura y trabajosa, aunque al igual que Chaplin, supo sobreponerse a una novedad que venía a modificar no solo la forma de hacer comedia sino la de entender un cine hasta aquel entonces basado en la mímica. Su primera aportación al cine sonoro viene ya en 1929 con ¡Qué fenómeno! .



Sus dos grandes aciertos una vez iniciada esta etapa fueron “Cinemanía” (1932), que le mismo dirigió y sobre todo la que viene siendo considerada como su mejor obra en el cine sonoro “La vía láctea” (1936), firmada por un Leo McCarey en lo mejor de su carrera por aquel entonces.


Tras la década de los treinta su aportación se fue haciendo más gradual y solo con esporádicas apariciones como “¡Oh que miércoles!” (1947). Un gradual vuelta al anonimato, que dedicó para ponerse al día con múltiples proyectos personales, hasta su muerte en los setenta que sin embargo no resta pizca de mérito a este pionero de la comedia hoy en día considerado como una de las caras fundamentales a la hora de entender este género

Lloyd a la derecha junto a otros dos genios del humor como Keaton y Tatì