viernes, 26 de octubre de 2012

François Truffaut


François Truffaut pasa por ser una de las cabezas más visibles de la nouvelle vague, todo un movimiento que allá por los años sesenta revitalizó el cine francés y mundial y que junto a otros compañeros y amantes del cine como el consiguieron cambiar el rumbo del cine para siempre.

La figura de Truffaut no solo es admirada en el cine francés, sino que sirve de estudio y modelos alo largo de todo el planeta todo un ejemplo de cómo hacer cine desde el cine, gracias a una excelente formación y conocimiento cinematográfico que lo llevó a de dar el paso desde crítico y escritor a director e incluso actor, llegando a firmar muchas de las obras claves en el devenir moderno del séptimo arte.

La fama de Truffaut empezó en llegando a los sesenta al abrigo de la revista “Cahiers du cinema” aun hoy en activo y considerada la Biblia del séptimo arte. El y otra serie de intelectuales amantes del séptimo arte hastiados de un cine cada vez más monótono se deciden a dar el paso de ponerse detrás de la cámara y plasmar sus ideas y conceptos en celuloide. Como resultado una de las más brillantes filmografías jamás conseguida que a continuación pasamos a repasar.

Su primer largometraje ya es toda un obra maestra del cine con “Los cuatrocientos golpes” (1959) ofrece todo un ejemplo de cine social en una de las obras cumbres del movimiento de la nouvelle vague a la vez que inicia una relación profesional con Jean Pierre Léaud su verdadero alter ego del ante de las cámaras.


Su gran conocimiento del cine norteamericano y su admiración por autores como Preminger, Fuller o Hitchcock lo llevan a firmar un thriller que a posteriori se antojaría excelente y no tendría nada que envidiar a los grandes títulos de estos autores. Con “Tirad sobre el pianista” (1960) Truffaut seguía asombrando al mundo y demostrando que lo suyo no era un éxito pasajero y que había empezado este periplo para quedarse entre los más grandes.


“Jules y Jim” (1961) es de nuevo un regreso a sus raíces sociales, al amor adolescente y callejero con una Jeanne Moreau encantadora resulta  todo un homenaje a París y una nueva obra maestra del autor y del movimiento de la nouvelle vague.


Tras estas tres primeras obras que rayan la perfección continúa la peculiar historia de Antoine Doinel comenzada con “Los cuatrocientos golpes” con  “Antoine et Colette” (1962)  y asume su papel más intimista con “La piel suave” (1964) una sencilla historia que asombra precisamente por eso, por su sencillez.


Su continua evolución y si versatilidad le permiten hacer un alto en el camino y enrolarse en un proyecto más relacionado con la ciencia ficción que con otra cosa. Truffaut se decide a adaptar la novela de Bradbury “Fahrenheit 451” (1966) ambientada en un hipotético futuro en donde la lectura y el acceso a la cultura era algo totalmente elitista.


De nuevo el thriller llama la curiosidad del director y así firma otra de sus obras más relevantes: “La novia vestía de negro” (1967), que como el mismo Tarantino reconoce toda un inspiración para su afamada “Kill Bill”.


Mientras su obra evoluciona, Truffaut sigue contando esta pequeña intrahistoria de Antoine Doinel, su tercera entrega llega en 1968 con “Besos robados” con un Doinel ya adulto, que sigue siendo interpretado por Jean Piere Léaud y en 1970 narra sus peripecias en el matrimonio con “Domicilio conyugal”.


1970 también fue el año de “El pequeño salvaje” impactante película a caballo con el documental centrada en el famoso caso del niño salvaje de Aveyron que tanto asombró a la sociedad y al mundo científico desde el día de su descubrimiento.


El cine histórico es abordado con “Las dos inglesas y el amor” (1971), drama romántico ambientado en un París de principio de siglo XX y con el posterior “El diario íntimo de Adela H.” (1975), relatando ficticiamente los amores de la hija de Víctor Hugo.


Su otra obra cumbre de esta época y una de las más reconocidas es un gran homenaje al mundo del cine que el director tanto admiraba. “La noche americana”, título en referencia a la técnica utilizada por medio de filtros polarizados en las cámaras a fin de rodar escenas nocturnas, utilizadas por el cine norteamericano, resulta todo un tributo a la industria del cine. Es la magia del cine visto desde dentro del mismo cine y con ella se alza con el Oscar a mejor película de habla no inglesa.


La última etapa de su obra le sirve para cerrar por fin la historia de Doinel con “El amor en fuga” (1977), con Doinel replanteándose su vida tras su divorcio, temática similar a “El amante del amor” (1977) otro de sus éxitos postreros popularizado en norteamérica por el remake de Blake Edwards.


Y en los ochenta con la muerte ya rondando rueda “El último metro” (1980) todo un homenaje que dignifica en mundo y la labor de los actores y actrices de teatro y “Vivamente en domingo” (1983) su despedida del mundo del cine, ya que poco después y de manera repentina un tumor cerebral nos alejaba para siempre y de manera precipitada uno de los mayores talentos que ha dado el mundo del cine moderno. Con Truffaut se fue no solo un gran director sino un gran amante del mundo del cine.


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