lunes, 21 de enero de 2013

Bette Davis


Odiada y admirada a partes iguales lo que es innegable es el grandísimo legado de una de las actrices mejores reconocidas de todos los tiempos. Tan famosa por sus excelentes interpretaciones, plagadas de personajes antipáticos cara el gran público (algo que temían la mayoría de las actrices), como por sus continuas trifulcas con compañeros de rodaje a los que su duro carácter y su egocentrismo los llevaba la mayoría de la veces por el camino de la perdición, siendo famosas en el mundillo de Hollywood las trifulcas durante los rodajes de sus películas. Esta es la vida y obra de Bette Davis, una de las actrices más recordadas y galardonadas de toda la historia del cine.

Para remontarnos a sus orígenes debemos trasladarnos Massachussets, puesto que aquí es donde nace un 5 de abril de 1908 en seno de una familia acomodada de ascendencia británica. Familia que por otra parte se vería dividida en la tierna infancia de Bette, puesto que sus padres divorciaban, lo que conducía la joven niña cara un estricto internado, junto a su única hermana. Una dura situación que duraría seis años y que haría melle en la personalidad de la futura Bette Davis . En 1921 llegan a Nueva York de mano de su madre, en la cosmopolita ciudad la joven Bette tendrá sus primeros escarceos con la publicidad, su madre trabajaba como fotógrafa, y comenzó su fascinación por el mundo del cine.

Tras su pertinente paso por Broadway, sus primeros papeles no llegaron hasta la irrupción del cine sonoro. De mano de la Warner Brothers comienza a participar en melodramas de época. “Esclavos de la tierra” o “Veinte mil años en Sing Sing” ambas de 1932 son sus primeras apariciones de calibre. En 1934 con tan solo veintiséis años llega su primera de sus once nominaciones a los Oscar con uno de sus muchos papeles de mujer fatal, en donde Bette se desenvolvía como pez en el agua, atormentaba la vida de Leslie Howard en “Cautivo del deseo”.



Pese a su juventud su fama crecía como la espuma y tan solo un año más tarde se llevaba el gato al agua y con un papel similar al anterior en “Peligrosa” lograba la primera de sus estatuíllas.


La carrera de Bette parecía no tocar techo y el éxito de sus películas estaba garantizado así participa en títulos clave de la historia cinematográfica como “El bosque petrificado” (1936) de nuevo junto a Leslie Howard y con Humphrey Bogart en uno de sus primeros papeles, o “Kid Galahad” (1937) formando pareja con un ya consolidado Edward G. Robinson.


in embargo el fuerte carácter de Bette Davis entra en acción y decide dejar plantada a la Warner, con quien tenía un suculento contrato, alegando que la calidad de las películas que le proponían estaba muy por debajo de sus cualidades interpretativas. Davis viaja a a Europa y firma suculentos contratos, sin embargo una demanda de la Warner la devuelve a Hollywood con el rabo entre las piernas y con su imagen seriamente dañada. Paradójicamente en esta fecha se inicia lo que sería la mejor etapa de la actriz. Aparece con gran éxito en “La mujer marcada” (1937), todo un precedente del cine negro y consigue su segundo Oscar con un estupendo melodrama de época con “Jezabel” (1939) en uno de los papeles por los que la actriz será más recordada.


Antes de la segunda guerra mundial aun tiene tiempo de triunfar con melodramas muy al gusto de la época como “Amarga victoria” (1939), que le reporta una nueva nominación a los Oscar, o en cintas históricas como “La vida privada de Elizabeth y Essex”, también de 1939, en donde daba vida a la una de las monarcas más famosas de todos los tiempos: Isabel I de Inglaterra.


Sin embargo sus grandes éxitos durante esta época tendrían un denominador común. En ambos se hacía cargo del papel de una despiadada dama que no tenía el más mínimo de tapujo de manejar a quien hiciese falta y a obrar de cualquier manera con tal de conseguir sus objetivos las dos aportaciones en cuestión ya datan de una nueva década en 1940 se estrena “La carta” y un año más tarde “La loba”, otra de sus obras más reconocidas. Por ambas obtiene sendas nominaciones a alzarse con la estatuilla a mejor actriz, pero pese a su gran actuación la competencia en aquellos tiempos por el galardón era feroz.


La segunda guerra mundial le supuso a Bette más trabajo, no solo con nuevas aportaciones para mantener alta la moral de pueblo norteamericano, sino con un encomiable labor promocionado bonos de guerra, junto a otras muchas estrellas de la gran pantalla. Su trabajo se ciñe a comedias o melodramas muy lejos del calidad de sus anteriores películas. De esta época datan obras como “El hombre que vino a cenar” (1942) o “La extraña pasajera” (1942). Sin embargo esta época vendrá marcada por una tragedia personal, puesto de de repente su marido pierde el conocimiento el pleno calle y fallece dos día más tarde fruto de una fractura craneal. Un duro golpe para Bette que se refugia en el trabajo sabedora que sus buenos trabajos ya queda años atrás y que en esos días su repercusión en el séptimo arte es más bien secundaria.


En los cuarenta se suceden trabajos de escaso bagaje como “Engaño” (1946), “El trigo está verde” (1945), o “El señor Skeffinton” (1944), por la que incluso logra una nueva nominación a los Oscar. Sin embargo su carrera está a la deriva y parece condenada al ostracismo, siendo incluso declarada veneno para la taquilla.


En esta situación es cuando aparece “Eva al desnudo” (1950), considerada como una de las mejores películas de la historia, relanza de nuevo la carrera de Bette Davis hacia en estrellato en uno de sus papeles más recordados. Una nueva nominación atestigua el regreso de lo que parecía una renovada Bette Davis.


Ya como actriz independiente y tras el éxito obtenido por “Eva al desnudo” le da pie a participar en películas como “La egoísta” (1951), “La estrella” (1952) o la posterior “Un gangster para un milagro” (1961). Sin embargo y pese a que su carrera se ve caramente beneficiada por ese nuevo relanzamiento. La edad de Bette y una nueve generación de brillantes actrices hacen que este camino sea difícil y no tan exitoso como se preveía. Los tiempos de Hollywood que conoció Bette Davis estaban a punto de extinguirse.


Su último gran papel en el cine llega en los sesenta de mano de Robert Aldrich con ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), en donde Bette se encarga de atormentar la existencia a su hermana, Joan Crawford, en una interpretación inolvidable merecedora de lo que a la postre sería su undécima y última nominación al Oscar.


En esta última etapa de su carrera Bette, compagina apariciones en la gran pantalla con trabajos en Broadway y aunque sus apariciones por Hollywood seguían siendo numerosas y se llevarían acabo hasta prácticamente su fallecimiento son escasas sus aportaciones de éxito. Tan solo obtuvieron cierta relevancia “Canción de cuna para un cadáver” (1964) y la adaptación del éxito de Agatha Christie “Muerte en el Nilo” ya en 1978. Irónicamente y ya muy envejecida su última aportación al mundo del cine llega en 1989 con un título que refelja fielmente su carácter y sus papeles más recordados, con “La bruja de mi madre” se cierra la participación de una de las actrices más admiradas y odiadas del toda la historia del cine, ya que ese mismo años fallecía en una gira europea de reconocimiento a su carrera y tras visitar San Sebastián a fin de recibir un caluroso homenaje ya no era capaz de regresar a su país de origen y fallecía poco después en un hospital de Francia, envejecida y ya muy cansada de luchas contra un cáncer que la llevaba minando desde varios años atrás. Contaba con 81 años.


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